martes, 25 de febrero de 2020

Treinta carneros vuelven a embetunar los vecinos de Tigaday, en El Hierro

Treinta carneros vuelven a embetunar los vecinos de Tigaday, en El HierroMás de 30 carneros han convertido esta tarde por unas horas las calles de Tigaday en escenario de persecuciones, embestidas y embetunadas, en la estampa más conocida de los carnavales tradicionales de El Hierro.

Alrededor de 30 jóvenes del municipio de La Frontera ataviados con pieles de carneros, siete de ellos como "locos", personifican estas figuras propias de la tradición pastoril de la isla con el fin de perseguir y manchar con betún a todo aquel que encuentren a su paso.

La particular manada procura una tarde de diversión a todos aquellos que se dan cita en el pueblo de Tigaday durante el carnaval para participar de esta tradición ancestral, una muestra de ritos antiguos declarada Bien de Interés Cultural de Canarias.

Nadie sabe a ciencia cierta en qué momento del pasado arrancó esta celebración, lo que sí se conoce es que estuvo prohibida y olvidada hasta que, para regocijo del pueblo herreño, la recuperara Benito Padrón Gutiérrez, con la ayuda de su hijo Ramón Padrón y de los miembros del Grupo Folclórico Tejeguate.

Entroncados con la juventud del municipio de La Frontera, la familia Padrón y el grupo Tejeguate recuperaron y han logrado mantener la representación de los Carneros de Tigaday como el ejemplo más emblemático y representativo de los que hoy se celebran durante el carnaval en El Hierro.

La fiesta comienza y termina con una estampida, el sonido de los cascabeles y la aparición del rebaño, hombres jóvenes ataviados con zaleas y cornamentas curtidas con el tiempo, el disfraz más antiguo cuyos orígenes se entrelazan con el pasado ganadero de la isla.



Y, junto a ellos, máscaras espeluznantes a modo de pastores malévolos, más conocidos como "locos", les ayudan en el arreglo de su disfraz o en procurarles el betún.

"Si estos días por las calles de Tigaday oyes el sonido de unos cascabeles, corre y no te detengas, porque, con toda probabilidad, terminarás embetunado", dice la tradición de la fiesta.

Esta representación se ha convertido en un atractivo cultural y turístico, una cita ineludible para todos los vecinos de la isla y para los que la visitan en estas fechas.

Son muchas las personas que año a año intervienen, trabajan y se encargan de velar para que este legado se mantenga y se conserve para generaciones futuras: los carneros, sus fieles colaboradores y encargados de procurarles el betún; la de los meros observadores, ya sean niños o mayores; y, sobre todo, la de aquellos que esperan impacientes para poder correr o esquivar a esta peculiar manada.

eldiario.es

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