viernes, 17 de enero de 2020

El Cabo ensaya a la medida del público

Las paredes del local de la Unión Artística El Cabo, testigo de grandes voces del Carnaval del ayer como los célebres Manolo Bello o Santiago Reyes, se estremecen cada vez que la rondalla que fundó hace casi 80 años Faustino Torres interpreta su pasacalle, Cosacos de Kazán. Lo saben de carrerilla y parece activarse de forma automática según se abre la puerta para cumplir con la visita: le dan el recurso, y listo.

Pero un ensayo de El Cabo impresiona. Parece un gran órgano de iglesia que cuyas teclas acaricia su maestro Israel Espino -el director que la ha devuelto a lo más grande y que bajó un trozo de cielo a Santa Cruz-. El coro, masculino, acotado a la izquierda por el barítono Argelio Bermúdez, Lelo, voz de El Cabo y en su época de Gran Tinerfe; y a la derecha, Eliseo de la Rosa, que tras un año sabático cerró su paso por la Rondalla Mamel's. Mientras el ensaya, su esposa hace lo propio en Valkirias.

Igual entre las cuerdas: de la periodista Natalia Delgado, bandurria primera con un virtuoso pulso; a la derecha, Ana Rosa, meticulosa y trabajadora que después de más de dos horas de ensayo regresa al Porís con el sungunete de la correción que hizo Israel Espino. Cada componente acapara una historia y precisa un homenaje; las murgas dicen que cantan al pueblo y El Cabo tiene presente al público en cada ensayo. "Gracias. Volvemos al 16. Gracias, gracias. 93. Vamos cinco antes"... Es el lenguaje en clave, de Espino, que maneja a la perfección El Cabo para ensayar a salto de compás el repertorio. Y cuando bajan la intensidad, cuenta cómo es la película de la banda sonora que cantan; o recuerda que hay disparos. "Vamos al 16". No le satisface al maestro, que toca el corazón de los rondalleros. "La grandeza de esto es que seis personas se den cuenta de que hace otra cosa a lo que escucha el público", o cuando pide actitud, "piensa en la señora que le dice a su compañera de sitio: mira a aquel, no se sabe la letra".



"Tuvimos el diálogo, ahora viene la música". Y se vuelve al 193. El maestro Espino interpreta a las cuerdas: "El pulso y púa tiene la responsabilidad de defender la melodía de este fragmento", Y de y ahora... el 121 y luego el 61. Solo falta que alguien cante ¡bingo! Verlos en acción es un privilegio. Son los Cosacos de Israel.

El DíaHumberto Gonar 

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