lunes, 26 de enero de 2015

Manual del buen murguero

Ayer estuve de limpieza en mi cantina. El sábado noche hubo tanto ajetreo que, cuando dieron las seis, cerré como estaba y no fui capaz ni de pasar un paño a la barra. Estaba rendido. Ayer, mientras limpiaba, encontré un libro que me pareció muy interesante, adecuado para publicarlo un día como hoy en el que las murgas adultas se dan cita en el Recinto. Se trata de un manual para murgueros, válido no solo para componentes, sino también para aficionados. Algunas de las normas que en él se exponen son las siguientes:

-La semana de los concursos, es conveniente cambiar de suéter de vez en cuando y procurar no usarlo si la temperatura exterior ronda los 22 grados centígrados

-Es importante abordar temas variados cuando hables con tus familiares y amigos; hablar todo el día de murgas puede llegar a resultar cansino

-Si vas al Recinto Ferial, una de dos: o procuras escuchar a todas y cada una de las murgas participantes o, al opinar, debes recordar al interlocutor que tú no lo has hecho.

-Es fundamental que, antes del viernes noche, busques en el diccionario el significado de la palabra "objetivo", y practicarla en casa hasta que opines de esa forma de manera espontánea.

-Si eres de los que sueles ir al baño en el Recinto Ferial, no está bien que escribas en las paredes el nombre de tu murga favorita.
-Si ignoras a las murgas de poco nombre, aprovechando su actuación para ir al baño o a los kioscos, ten cuidado porque igual te pierdes alguna buena canción que debiste haber tenido en cuenta a la hora de hacer tu quiniela.

-Los piques en Twitter y en Facebook, no aportan nada, ni al Carnaval en general, ni a tu murga en particular.

-Debes tener en cuenta siempre la letra de una murga. Hay veces que nos quedamos locos por cómo cantan sin saber bien qué es lo que han cantado.

-Evitar las frases manidas como: pasan por el nombre; en la final debe haber una de mujeres o tal murga estuvo "apestando".

Éstas son solo algunas de ellas pero hay páginas enteras de recomendaciones que no tienen desperdicio. Por cierto, el libro se llama: El Manual del buen murguero.

La Opinión de TenerifePedro Mengibar

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