lunes, 26 de enero de 2015

La abuela del Carnaval se arregla el moño

Vino al mundo en 1933 con un espíritu carnavalero que ni siquiera la dictadura franquista pudo arrebatarle con su prohibición de celebrar la fiesta más grande de la ciudad. No, nunca hubo carnestolendas que se le resistiesen. Tan solo necesitaba una talega para llevar consigo una peluca canosa (moño trenzado incluido), un mandil, unas enaguas, un traje negro, unas babuchas a cuadros, unas gafas y, cómo no, algo de maquillaje. Todos ellos artículos indispensables para la Abuela, el personaje a quien desde hace más de seis décadas encarna Miguel Alcántara allá donde huele a Carnaval.

Su experiencia es larga. Ha vivido más carnavales de los que puede recordar, no obstante, es inevitable que se le vengan a la mente aquellos días que fueron para él sus inicios. Su personaje se forjó a raíz de una experiencia que confiesa que le marcó. "Cuando era joven, un día ayudé a cruzar a una anciana la calle y cuando llegamos al otro extremo me abrazó y me dio las gracias. Aquello se me quedó metido en la cabeza, así que decidí disfrazarme de vieja".

Fue Agüimes donde hizo su primera incursión carnavalera con aquel disfraz que ha forjado su fama. "Aquí [en Las Palmas de Gran Canaria] estaban prohibidos los carnavales, así que yo me iba para el sureste con la ropa metida en una talega para que no viesen lo que llevaba", explica Alcántara tantos años después de aquel momento. A esa época también pertenecen hazañas digna de mención como aquella vez en la que se dirigía al Club Polonia y "subiendo disfrazado por San Nicolás", cuando aparentemente no había nadie por la zona, le salió al paso el guardia civil al que llamaban Juan pintona "por lo grande que era". Inevitablemente le hizo pararse y, ante tan pintoresca situación, le preguntó que si no sabía que "no se podía ir así". Le salvó el hecho de que aquel agente le conocía y por ahí pudo escapar y llegar hasta su destino. "Eso sí, me dijo que me fuese y que no se me ocurriera mirar para atrás porque sino me iba a buscar. Yo no giré la cabeza, pero cuando iba subiendo las escaleras del Polonia miré de reojo y vi que seguía en medio de la calle esperando por si yo desobedecía", apunta divertido.



Aquellos eran otros tiempos, que fueron a mejor cuando Juan Rodríguez Doreste y Manolo García lucharon porque en la capital se viviese el Carnaval. "Ellos eran los primeros que participaban", rememora, "de hecho fue muy sonado el disfraz que se hizo el alcalde de Greta Garbo", comenta entre risas. Se nota que pocas veces pierde el humor, ni siquiera cuando la nostalgia brota en sus palabras al hablar sobre cosas que han ido desapareciendo.

"Los carnavales antiguos eran los carnavales en los que se improvisaba. No había las opciones de vestimenta que hay ahora. La mujer se pintaba el bigote y se ponía la ropa del marido y el marido se maquillaba y se ponía los vestidos de la mujer. Hoy es diferente, está más comercializado y tienes que comprarte el disfraz". Para la abuela de los fastos que este año rinden homenaje a Las mil y una noches, eran antes más sanos. "Cuando empezaron aquí los carnavales la apertura se hacía con el baile de la sábana, en la plaza de Santa Ana y todo el mundo iba vestido de blanco. Se bajaba por la calle Obispo Codina e íbamos por la Pelota y la plaza de Las ranas hasta llegar a San Telmo. Así se celebraba entonces el Carnaval, claro que antes éramos menos gente. Se echa de menos este evento, no solo yo, todos los carnavaleros".

A pesar de añorar algunas cosas, su opinión sobre la situación actual es bastante positiva. "Está muy bien organizado y hay un buen equipo que sabe lo que hace. Los carnavales siguen siendo del pueblo, porque son los ciudadanos quienes los viven, como también lo hacen los políticos. Tenemos una concejala [María Isabel García Bolta] que es muy buena y hace todo por el Carnaval y el alcalde Juan José Cardona también". En lo que los problemas con las murgas y los mogollones se refiere, Miguel Alcántara prefiere mantenerse al margen "hasta que informen sobre cómo quedará la situación".

Y es que como él mismo asegura, lo suyo "no son las cosas de los políticos". Tanto él como el resto de los personajes del Carnaval, entre los que se encuentran Fidel Castro, Cantinflas, el Borrachito, el Che, el Escocés o la Diva, tienen las miras puestas en dar a conocer la festividad más importante de la Isla. El pasado mes de diciembre ya estuvieron en Madrid, donde repartieron numerosos programas. "A la gente le gusta nuestro Carnaval y solo hay que ver la cantidad de gente de fuera que viene, entre ellos los extranjeros porque los cruceristas que llegan en esta época también lo viven".

Y como ya va oliendo a carnestolendas, los preparativos del disfraz que se pondrá unas 25 veces este año (porque se recorre las fiestas carnavaleras de la Isla) y con el que ha estado en Argentina, Brasil, Venecia o Paraguay, están también a punto de comenzar. "Llevo a que me arreglen la peluca a una señora que me deja el moño estupendo", detalla quien fuera trabajador de Colgate y, más tarde, propietario de un establecimiento de autoservicio hasta que se jubiló. Eso sí, dejó de trabajar pero ni se plantea dejar atrás a la Abuela. "Me vestiré hasta que me muera y cuando lo haga quiero que me entierren disfrazado", asegura con una mezcla de diversión y solemnidad. "Pero ahora solo quiero decir que viva el Carnaval y el respeto. ¡A divertirse!"

La ProvinciaAmparo R. Montero

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