jueves, 6 de febrero de 2020

Tito, el último emperador carnavalero

https://www.canarias7.es/binrepository/768x512/0c40/768d432/none/11314/MIDR/documentacion-fotos-1-6490419_6032670_20200205182050.jpgSe despide uno de los pilares del carnaval. Las cuatro letras que forman su nombre son ya aforismo de las mascaritas, fundamento de la sátira, fuste de la ironía. Tito, la última cariátide del templo carnavalero, deja el cargo de director de Los Chancletas para ingresar en ese olimpo en el que perviven colosos como Manolo García, Sindo Saavedra, Tomás Pérez, Juanito el Pionero o Santiago García.

El carnaval es un universo propicio a las estrellas fugaces pero pocos soles son los que iluminan tantos mundos ventorrilleros. Tito, el murguero infinito de risa franca, es el último de ellos. Y se despide de la dirección de una de las murgas más importantes del carnaval justo cuando Los Chancletas cumplen cuarenta años sobre las tablas.

El big bang de Tito Rosales se produjo a principios de la década de los 80. Por entonces, era un chiquillo de Las Rehoyas que formaba parte de una charanga que cantaba sobre la vida del barrio, desde la tienda de aceite y vinagre hasta el dueño de la bolera. Los instrumentos que llevaban eran de cartulina forrada con papel de aluminio y la pinta debió ser tal que «un vecino nos dijo que parecíamos un desperdicio». Así nació su primera murga, Los Desperdicios.

Por entonces miraba con admiración a Los Rockefeller, donde estaba su tío. Llegó y empezó a dirigir aquel concierto de instrumentos desafinados, en lo que luego sería una constante en toda su carrera murguera: siempre fue director. «Llevo cuarenta años y jamás he subido al escenario con una trompeta». Por eso, cuando se retire de manera definitiva -ya que ahora se queda como presidente de Los Chancletas-, cumplirá la promesa que les hizo a Los Nietos de Kika hace ya un tiempo y que le exige salir a cantar con ellos en tercera fila.

Tres años permaneció en Los Rockefeller Tito hasta que problemas internos le empujaron a salir. El murguero tenía en mente entonces fundar una nueva agrupación, Los Trovadores, pero en aquel momento recibió una llamada de Paco Dávila, de Los Chancletas, y ahí recaló en noviembre de 1988. Su primer carnaval sería el de febrero del año siguiente. Y desde entonces ha estado al frente de un grupo que notó su llegada, no en vano con Tito ganaron siete de los ocho primeros premios de interpretación que tiene la afilarmónica.


Rosales siempre tuvo la música en los genes: su padre fue uno de los fundadores de Los Sancocho. Y siempre tuvo la viveza de engarzar la vida cotidiana con los sones que escuchaba por la radio y grababa en radiocasete. Por eso sus canciones estaban tan pegadas a la tierra: La Boda fue el culmen de su producción, pero en el Estadio Insular -que fue siempre su templo favorito, en lo murguero y en lo futbolístico- y en el parque de Santa Catalina también se airearon los gritos de su mujer cuando iba a dar a luz y se metió en un atasco, o las agresiones policiales a las personas sin techo que pernoctaban en Alcaravaneras.

«Mi estilo de letras se basaba en los cuentos como los que decía Manolo Vieira», reconoce Tito Rosales, quien aprovechaba cualquier momento y cualquier papel -hasta el de la cajetilla de los cigarros- para graficar la vida cotidiana.

Precisamente los cambios que han vivido las murgas en los últimos tiempos han ayudado a que este director eterno haya decidido dar un paso a un lado. Las comisiones de letras y la importancia que se da a los voces han terminado por imponerse a su modelo de murga. «Yo soy un murguero de la vieja escuela», reconoce, «los murgueros de hoy ya no dicen vaya letrón que tenemos, sino cómo suena la murga».

Este cambio, que empezó a principios de la década de los 2000, no solo ha variado el paso de los grupos sino también el gusto del público. En el camino se quedó algo de las risas que llenaban el Insular y parte también del enraizamiento popular. «Antes vendíamos mil cintas y repartíamos 10.000 libretos, mientras que ahora solo repartimos unos doscientos libretos y ya nadie compra nada», expone Tito Rosales.

Este murguero, admirador de Los Nietos de Kika, de Los Singuangos y de Los Diablos Locos, también repasa sus relaciones con los políticos. «Soria era el que peor encajaba las críticas», expuso, «con los demás, incluso con Pepa Luzardo, a quien le dimos mucha caña, tenemos una relación buena». Cree que Sebastián Franquis e Inmaculada Medina han sido los mejores concejales de carnaval.

Resultado de imagen de logo canarias7 Javier Darriba 

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