sábado, 11 de enero de 2020

Los compadres siguen la murga "ahí arriba"

La vida de Luis López López discurrió en paralelo a la murga de Los Chancletas, afincada en el barrio de la Isleta y vinculada al Real Club Victoria. Han pasado ya 40 años desde que un grupo de amigos, entre los que se encontraba Luis y su compadre Pepe Durán, plantaran la semilla de la que es, a día de hoy, la agrupación murguera en activo más laureada de Las Palmas de Gran Canaria. Muchos de los miembros que fundaron Los Chancletas en el año 1980 se fueron yendo con el paso de los años y las obligaciones, y dejaron el relevo a las nuevas generaciones. Como Luis, quien dejó la murga que había ayudado a nacer y de la que fue el primer presidente, para dedicarse por entero a su hijo y a su familia. El pasado 27 de diciembre fallecía en el Hospital, tras un cáncer de páncreas que lo tuvo dos semanas ingresado. "Fue rápido", asegura su mujer, Elvira Betancort Pérez, lo que evitó alargar el sufrimiento que acompaña a esta terrible enfermedad.

Corría el año 1980, cuando un grupo de amigos asiduos al Real Club Victoria y a los partidos de fútbol, decidieron, en la barra del extinto bar Don-Din, de la calle Luján, montar una murga y alargar la diversión del Carnaval durante el mayor tiempo posible. Como cuenta Francisco Dávila, quien fue presidente de Los Chancletas durante 30 años, el grupo empezó como una "cosa de amigos, casi todos del Club Victoria". Antes de existir la murga como tal, los que serían sus miembros ya salían "subidos a una plancha, vestido de jugadores del club", o de payasos. El caso era "hacer boberías", continúa Dávila, y sacar motivos de diversión hasta de donde no los había.

En su círculo de amigos le conocían también como Luis Simago, por haber trabajado como encargado de la extinta cadena de almacenes, "desde que abrió, hasta que cerró", como recuerda su esposa. Elvira Betancort fue más que su mujer, fue su compañera desde que eran unos jóvenes de 16 años y hasta el día de su fallecimiento. Pero además, hay sospechas de que fuera Elvira quien le inoculara el virus del Carnaval durante sus primeros años de noviazgo. Y es que la genealogía carnavalera ya corría por sus genes, siendo prima hermana de Tomás Pérez, uno de los mejores letristas del Carnaval y el fundador y director de la Afilarmónica Los Nietos de Kika en el año 1976, apenas agotada la dictadura. Así es que, en los comienzos de la feliz pareja, Elvira y Luis acudían con frecuencia a ver actuar a Los Nietos de Kika, y el gusanillo murguero parecía que les empezaba a picar.

"Con 500 pesetas comenzaron con la murga", recuerda Elvira, para quien Los Chancletas han sido siempre como de la familia. Por aquel entonces su "comadre" y ella llevaban las máquinas de coser al Club Victoria y se quedaban hasta la madrugada charlando y remendando la indumentaria del personal de la familia murguera.



Pero no todo va a ser murga en esta vida, al Carnaval le sigue el verano y luego llega el otoño, inevitable. En el año 1991, Luis tuvo un accidente de tráfico que le afectó gravemente a la columna. Como consecuencia del choque, sufrió cerca de 40 operaciones, tuvo cuatro placas de titanio en el cuello, dos discos de la columna y "de todo tuvo", recuerda su hijo, Aday López Betancort. A pesar de semejante golpe, Luis continuó con su actitud positiva y murguera hasta el día de su fallecimiento, la pasada Navidad. En los últimos años de su vida, una diabetes avanzada le arrebató una pierna, y le hizo ir en silla de ruedas a disfrutar del Carnaval, y de la vida.

Su mujer, su hijo y su nuera, la también murguera Patricia Rodríguez Ibañez, acudieron el sábado 28 de diciembre, al tanatorio San Miguel, en Las Torres, donde se despidieron, acompañados de familia y amigos, de su querido Luis. "Patricia era como una hija para él", recuerda su esposa. Y es que la joven nuera comparte no sólo parentesco con la familia, sino también pasión murguera. "Ella está en La Traviesa" y sabe de cerca lo que es la fiebre carnavalera.

El recuerdo de Luis López va ligado al barrio de La Isleta, donde creció y fundó una familia, una murga, y toda una vida llena de altibajos, en la que se caracterizó siempre por su trato afable, su compañerismo y su capacidad para disfrutar junto a los suyos. Tampoco se entiende la historia de Luis sin la de su compadre, el también chancleta Pepe Durán, ya fallecido. De hecho, tal fue su amistad, que ambos se marcharon el mismo día, de distinto año y mes, pero los dos amigos dejaron este mundo un día 27. "Eran como hermanos, siempre estuvieron juntos", recuerda Elvira.

"Ya están los dos de fiesta ahí arriba", comentaba el director de Los Chancletas desde hace treinta años, Tito Rosales. Y es que todos los que conocieron a Luis y a Pepe recuerdan lo inseparables que fueron desde que se conocieran en el colegio de la calle Faro, en La Isleta. En el mismo colegio estudió Manolo Vieira, quien participará en la Gala de presentación de Los Chancletas el próximo 18 de enero en el Auditorio Alfredo Kraus. Su hijo Luis, que pasó de ser un "baby chancleta" de pequeño, a ser un orgulloso "chancleta" de mayor, le había comprado ya la entrada para asistir a la gala del 40 aniversario. La verá desde "ahí arriba", en un palco de honor con los suyos.

La Provincia - Diario de Las PalmasAna Tristán Pita 

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