domingo, 12 de mayo de 2019

Germán Suárez, el empresario con espíritu carnavalero

Germán Suárez hizo historia en el Puerto. El que fuera presidente de Astican, fallecido el sábado de la semana pasada tras sufrir un infarto, se convirtió en un referente del empresariado canario gracias a su espíritu emprendedor y visionario que le llevó a escalar hasta lo más alto. Esta fue su faceta más conocida junto con la de dirigente de la UD, si bien no fue la única que dejó huella en la tierra que le vio nacer. Y es que Suárez también fue un hombre que disfrutó de las costumbres y se imbuyó en ellas hasta tal punto que estuvo entre los fundadores de una de las primeras murgas del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria: Los Guanches Picapiedras.

Corría el año 1976 cuando un joven Germán Suárez tomaba copas con sus amigos cerca del también desaparecido Restaurante Herreño, cuando surgió la idea de crear una agrupación carnavalera "tan pronto como autorizaron las fiestas". Así lo recordaba en una entrevista realizada por José Febles Felipe en febrero de 1998, en la que el por entonces presidente de la UD revivía sus días entre pitos y tambores. "Pertenecíamos a un grupo de cuerda que se llamaba Los Labradores Canarios, sacamos incluso carrozas en Reyes. Pero la creación de la murga fue de forma imprevista", aseguraba. Tanto es así que explicó que "en un fin de semana quedó todo resuelto".

Suárez estuvo durante cinco años de "forma activa" en la murga que, a pesar de la premura con la que se creó, logró convertirse con el tiempo en afilarmónica. "A partir del sexto año no salí, pero seguía colaborando con el grupo", contaba en la entrevista. Temas como Canarias ya o La lluvia artificial despertaba más de dos décadas después su nostalgia, al igual que la famosa canción Ja, ja, ja que "quedó casi como el himno" de la murga.



"Creo que vivimos la mejor época del Carnaval", manifestaba sobre la evolución que habían sufrido los grupos hasta finales de los 90. Y es que según su punto de vista, "las murgas del principio" eran "más como un grupo de amigos" mientras que las nuevas de aquel momento parecían tener más profesionalidad. "Antes salíamos a divertirnos y ahora es más espectáculo. Divertíamos a la gente, pero también nos divertíamos nosotros", apostillaba.

Finalmente, las responsabilidades profesionales fueron las que terminarían por sacarle del escenario murguero, aunque no llegó a desvincularse por completo del mundo carnavalero. De hecho, en 1998 confesaba que se ponía la máscara cada vez que podía, aunque no se atrevió a revelar en esa ocasión cuál sería su disfraz. "Eso siempre lo guardo como un secreto, porque si se enteran de cómo voy, ahora que estoy metido en el mundo del fútbol, creo que me volverían loco", bromeaba.

La Provincia - Diario de Las PalmasAmparo R. Montero

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