lunes, 4 de marzo de 2019

Santa Cruz baila bajo el Sol

Son cosas que difícilmente pueden vivirse en otro lugar que no sea el Carnaval de Día de Santa Cruz de Tenerife. Un policía, megáfono en una mano y sirena en la otra, avisa a toda la familia de Los Increíbles (papá, mamá, hija, hijo y bebé) que tengan cuidado al cruzar el puente Serrador, "que tiene aluminosis". Un grupo de cazafantasmas bromea con otro de Freddie Mercury , ataviado con el look que lucía en el videoclip de la canción I want to break free. Un grupo de submarinistas rodea y nada en torno a un banco de peces-payaso. Y todo dentro de un ambiente festivo y familiar, impregnado de música, que presidió un primera jornada del Carnaval de Día chicharrero que congregó a casi 200.000 personas en las calles más centricas de la ciudad.

El escenario de la Plaza del Príncipe se convertía en el punto de arranque del día, con la actuación de la Afilarmónica Nifú Nifá y la agrupación lírico-musical Los Fregolinos, encargados de poner los primeros y reconocibles acordes. El mismo lugar se iba convirtiendo con el paso de las horas en epicentro de familias que bailaban al son de Rudy, Pepe Benavente o El Morocho luciendo fantasías que competían entre sí en ingenio y elaboración. Un carro de supermercado se convertía, por obra y gracia del tuneo, en un arrecife marino en el que habitaban dos pequeños pulpos que miraban con ojos asombrados cómo una familia de unicornios les saludaban sonrientes sin dejar ni un momento de bailar.

El paseo hasta la Plaza de La Candelaria suponía una suerte de viaje en el tiempo que comenzaba con Dani J, Jadel o Edwin Rivera y que remataba con uno de los platos fuertes de la jornada con la actuación de una Billo's Caracas Boys que, alejándose de posibles polémicas nominales, o de identidad ponía la fiesta en su punto álgido abriendo su actuación con el inmortal Baila en la calle y metiéndose al público en el bolsillo con una versión muy particular del pasosoble Islas Canarias. Mientras, una batucada mantiene el ritmo junto al Teatro Guimerá, contagiando su intensidad y movimiento a un grupo de emojis que baila junto a Los Simpsons al completo.



Las fuerzas comienzan a fallar y los kioskos se convierten en un oasis imprescindible para recargar energías justo en el momento en el que el sol, que se ha mostrado reticente durante toda la jornada a aparecer, decide sumarse a la fiesta. Un grupo de sirenas ocupa un banco casi al completo para dar buena cuenta de perritos y hamburguesas, dejando un espacio a un lado para que dos gambas con gabardina (de las impermeables, no de las que crujen) puedan sentarse y recuperar resuello.

Porque la fiesta no se detiene. Los atracadores de La Casa de Papel, con sus caretas de Salvador Dalí incluidas, llegan a los alrededores del escenario de la Avenida de Anaga, lugar de congregación de los más jóvenes, que bailan con Óscar Martínez, David Lafuente o Ray Castellano.

La música continúa pero las fuerzas comienzan a escasear, sobre todo en los más pequeños. Un pequeño tiburón duerme plácidamente en su carro, mientras dos astronautas pasan a su lado cogidos del brazo y cantando, dispuestos a seguir disfrutando de una jornada que reserva para sus últimas horas las actuaciones de los grupos del Carnaval. Pita Pitos, Rebeldes, Lenguas, Diablos Locos, Triquikonas, Burlonas, Sofocados, Guachipanduzy, Distraídos, Revoltosos, Ni Pico Ni Corto, Los Yuppies, Siboney, Caña Dulce, Nobleza Canaria, Salsabor, Tajora Las Palmitas, Chaxiraxi, Teiderife y Sabor Isleño pasan por los distintos escenarios, suponiendo el colofón para una fiesta que, un año más, volvió a recordar que el Carnaval y Santa Cruz bailan tanto bajo la Luna como bajo el Sol.

Nacho Feliciano

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