jueves, 7 de marzo de 2019

Los Serenquenquenes, sin autocensura

"Estamos muy satisfechos con haber revalidado el primer premio porque cada vez el concurso de murgas es más complicado. Es complicado mantenerse y también ganar así que conseguir el primer premio es un orgullo". Es lo que asegura Javier Santana, director de Los Serenquenquenes, que se alzó con el primer premio de interpretación de Una noche en Río, que enfila ya su recta final este fin de semana.

El premio se suma al gran palmarés que ya tiene la afilarmónica de Agüimes, de donde es originaria, desde que en 1982 se subiera a un escenario. Quince primeros premios de interpretación, seis primeros en vestuario, nueve galardones a la mejor letra y un criticón de la prensa dan prueba del talento de esta murga, una de las más laureadas de la historia del Carnaval. "Cada concurso es una guerra entre comillas entre las distintas murgas. Suele haber sorpresas que nadie espera y siempre hay alguien que da el campanazo, ganar no es nada fácil", prosigue Santana para explicar que los premios no son garantía de éxito al año siguiente.

Los Serenquenquenes, conformado por 64 miembros y a los que veremos desfilar en la Gran Cabalgata y en el Entierro de la Sardina, se colaron en la final del concurso, en la que este año participaron 23 grupos, con el Bolero mix, donde repasaron algunas de las mentiras de los discursos del presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo; el presidente de la Unión Deportiva Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez; y la ex presidenta de la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, mientras que en su segunda actuación homenajearon al Carnaval de Río de Janeiro en el que sacaron algunas similitudes entre los cariocas y los canariones.



En la final se metieron al jurado con una parodia sobre los obreros de la construcción, donde criticaron el desempleo de los mayores de 55 años, pidieron la igualdad laboral entre hombres y mujeres hicieron una loa a la concejala de Carnaval, Inmaculada Medina, por "cumplir con lo prometido" de ofrecer un espacio a los grupos del Carnaval -cuartel de Lois-; y a la que regalaron la actuación de un estríper en directo, mientras que con su canción Las Lobas, sacaron punta a la explotación de las camareras de hotel y al caso de La Manada vestidos de chonis.

El director de la murga afirma que en el grupo "no hay autocensura" a la hora de componer una letra, cuyo proceso comienza buscando una temática que sirva como "hilo conductor" para ir después añadiendo otros asuntos, que bien quieran tocar o sean actualidad. "Hemos cantado a todo, llevando siempre como bandera la ironía y buscando que la gente se reía con nuestro espectáculo", apunta Santana, que añade que tampoco han recibido la queja de nadie al que hubieran hecho un repaso sobre el escenario porque "siempre hemos criticado de forma correcta, irónica y sin faltar el respeto".

Dedicación

Desde el mes de junio, Los Serenquenquenes comenzaron a trabajar las canciones con los que se presentarían al concurso de las carnestolendas capitalinas, donde no faltaron las pullitas a los chicharreros y a los grupos murgueros. Un proceso, según Javier Santana, nada sencillo porque "nadie es profesional" en la composición de las letras ni de la música y al que año tras año se añade la dificultad de armonizar tantas voces juntas. "Pese a que hay un grupo de veteranos que lleva desde el inicio y que son estables, siempre hay gente nueva y otra que va", cuenta.

Respecto a la evolución que ha experimentado el grupo en estos 38 años, el director de Los Serenquenquenes destaca que sin duda han crecido a la hora de cantar y vocalizar, así como de ofrecer un mejor espectáculo pero que no han olvidado sus orígenes. "No somos profesionales, ni vivimos del hecho de ser una murga. Todo es mejorable pero no hay que olvidar que somos murgueros, que esto es un hobby, y si nos profesionalizamos ya no es lo mismo", dice. Y defiende que sean los propios grupos los creadores de su repertorio y no tiren de letristas de otros lugares "porque somos capaces y no somos inferiores a ningún Carnaval".
Lourdes S. Villacastín 

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