miércoles, 20 de febrero de 2019

Cascarrabias da un golpe sobre la mesa

Cascarrabias estrenaron ayer la segunda fase del Concurso del Norte, marcando diferencias, gracias a una enorme potencia coral, haciéndose acreedores de la final. Sorprendió el nivel de las debutantes Chaladas y Ferrusquentos hizo una buena propuesta con su segundo tema. Apresuradas fue de menos a más.

Cascarrabias.
El estreno de la segunda fase, con Cascarrabias, no desmereció en absoluto (por presencia y potencia) al de cualquier arranque notable en Santa Cruz. David Padilla es, de nuevo, el gran responsable de ello. Los de Javi González llegaban a este concurso con la intención de dar un paso más para superar el segundo premio de los dos últimos años.

Su puesta en escena ya era aval suficiente para pensar en grandes cotas, un listón que debía mantenerse con la presentación de su Guugle murguero para aclarar el verdadero significado del vocabulario de los grupos críticos. Parecieron arrancar con sentido, desvelando los dos significados para la murga de conceptos como ensayo y movimientos, antes de una retahíla para denunciar que acogoten su concurso en el Teobaldo Power. Forzado giro al juego del ahorcado para acordarse de todas las murgas que no han salido en el Norte para completar su nómina de grupos nombrando a otro puñado de ellas en base a sus estilos. Rajazo velado a Trapaseros ("el premio aquí es gustarle a la gente, no buscar un premio para ir a Santa Cruz") en un tema que ya más parecía una entrada o pasacalles y que estaba siendo devorada por lo endogámico. Acabaron arriba dando el premio de murguero del año a Wilmer, el niño de Tirlangüines fallecido hace unos meses.

Ganaron en puesta en escena con su segundo, transformándose en la niña del pozo. Su arranque pareció condenarles a lo más profundo, con juego de palabras y gags humorísticos que se perdían por la rapidez de la interpretación y la selección musical. Mejores sus paralelismos entre fútbol y sanidad o educación; y notable mención al abandono que sufre la piscina de Martiánez. Mantuvieron el nivel con un rajazo a la Tele Canaria, pero de nuevo parecieron chirriar en el hilo argumental al sacar del fondo del pozo símbolos para denunciar el maltrato, en especial el infantil, con referencias ya extemporáneas a Yeremi y Sara incluidas. Desarrollo casi siempre en un fino alambre, pero su potencia musical y su convicción vendiendo lo que cantaban no solo los afianzó sino que los transportó directamente hacia la final.



Las Chaladas.
Las debutantes en el concurso de este año dejaron un buen sabor de boca desde su pasacalles. Las de Marina González regresaban tras un largo paréntesis. Arrancaron con Un tema entrelazado, con el que las de Icod no tiraron de la simbología simple que corresponde a cada color, sino que ofrecieron una versión muy particular, como los lazos de unión para luchar contra el político o para librar la batalla contra el mar en Garachico. Se acordaron de las murgas que no están y también abordaron asuntos como la sanidad, la investigación, las colas de las autopistas, la educación... Su final fue un canto, quizá algo repetitivo, a que el pueblo luche, "entrelazándose" por sus derechos, pero supieron venderlo.

Jurídicamente hablando fue su segundo, que en un principio pareció pivotar sobre un argumento nada sólido. Y es que de universitarias licenciadas en Derecho se convirtieron de pronto en una especie de juezas imaginarias. Empezaron a declarar culpables a los que abandonan a niños o abuelos, a acosadores, a maltratadores de animales... Algo flojas al nombrar la filtración del veredicto del año pasado (ellas no estaban) y al hablar "de las injusticias" en los diferentes municipios del Norte. Volvieron a levantar el vuelo, especialmente atreviéndose con un rap con el que quisieron "impartir justicia". En su recta final parecieron quedarse sin argumentos y hasta repitieron temáticas, pero el darle un giro a su caracterización (se quitaron la toga), el pedir "igualdad y libertad" y, sobre todo, ser arrolladoras en su mensaje, les permitió acabar muy arriba como colofón a una actuación global más que notable y sin apenas grietas musicales. Su satisfacción al terminar lo decía todo.

Apresuradas.
Con la ventaja de jugar en casa, pero con el lastre de un nivel previo muy alto, llegaron Apresuradas de Alba Hernández y con una fantasía de periodista. Para empezar se vistieron de "aire", lo que les permitió moverse por las gradas para arremeter contra aquel que ni las escucha y "luego raja en Facebook". Fue el inicio de un batiburrillo en el que cupo de todo lo que pudiera tener relación con ese estado gaseoso, desde "el airón que te da al salir del Hospital", "la burbuja inmobiliaria" o el "aire renovado" que llega en la política. Sucesión en ocasiones forzada y sin orden, con el añadido de que su calidad musical no las dejaba avanzar con soltura. Ganaron en seguridad al final cuando volvieron a ser murgueras para denunciar las diferentes desigualdades sociales.

Recuperaron luego su disfraz de reporteras, haciendo de etrada un recorrido por la evolución de los soportes de los medios. Les costó arrancar varios minutos, incluso con recursos forzados ("prensa violeta, que representa el papel de la mujer"). En una evidente mejora musical, empezaron a profundizar algo más al hablar de "un gobierno bipolar". Dejaron varios detalles notables, pero les faltó dar un paso adelante. El golpe de Siri con Francisco Linares, lo mejor, antes de un final de nuevo muy genérico a modo de homenaje a los periodistas.

Ferrusquentos.
Cerraron Ferrusquentos de Garachico. Sin llegar al nivel de Cascarrabias, destilaron potencia y diversión en su entrada y pasacalles. Tiraron de su fantasía, Guerreros del hielo, para abordar su primero. Cuidada puesta en escena con barca vikinga incluida, y voces más que notables. Pero tardaron una eternidad en arrancar ("rodeados de mierda" o "la gente es muy hedionda" fueron algunas frases sueltas) y cuando lo hicieron les costó profundizar, al menos más contundentemente. Hablaron de las plataformas petrolíferas o del puerto de Granadilla en lo que acabó siendo un simple canto en defensa a la naturaleza y su oscuro futuro.

Su punto fuerte llegó con Sombras. Seguramente el mejor planteamiento de lo que va de concurso gracias a una cortina en el que presentaban un supuesto que realmente acababa siendo otro cuando se levantaba la tela. Hablaron de una "justicia castrada" y del acoso escolar. Ejecución musical casi magistral, pero su linealidad les acabó pesando en el tercero de sus argumentos (a veces muy largos en su desarrollo) en el que compararon a la Princesa Cristina con esas mujeres "que viven en la sombra y no salen en la tele". Por momentos algo atropellados, pero los de Garachico acabaron salvando de forma notable su tema y, por extensión, toda su actuación. Aspirantes a final en función de lo que ocurra hoy en la tercera y definitiva fase con Tiralenguas, Risilocas y Pizzicatos.

La Opinión de TenerifeCarlos García 

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