miércoles, 9 de enero de 2019

Isabel Coello, espíritu solidario y baluarte del Carnaval tinerfeño

171122-1La profesión, siendo importante, no permite describir en plenitud la vida de María Isabel Coello Higueras, pues fue mucho más que una modista que con impronta original supo elevar el ingenio y dotó de sabiduría al mundo del Carnaval. Quienes le conocieron en la cercana o próxima vecindad saben que nunca contuvo su ansia de empeño y pueden dar fe de su abierto carácter, de su valentía que, en contagioso entusiasmo, le hacía estar siempre presta para dar su colaboración, sin detenerse ante los límites reales o imaginarios que la vida y el convencionalismo del entorno han establecido.


El pasado año, con la salud algo afectada, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife bautizó con su nombre una de las calles del Duggi, su barrio chicharrero; la hasta entonces calle Sin Salida pasó a adoptar la personal denominación. Unos años antes había superado el motivo, la razón que amparaba la primera designación dada en sus orígenes; la pequeña vía concluía ante el muro que delimitaba a las cocheras del antiguo Hospital Militar. Hoy desemboca en la plaza de María Auxiliadora, frente al Centro Sociosanitario Santa Cruz.

En el acto, revestido con el protocolo de rigor, intervino la Banda Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife, que interpretó fragmentos de zarzuela y el pasodoble Islas Canarias. Los temas trataban de responder a dos facetas que han estado presentes en su vida y abarcan el rango de correspondencia y amistad de la homenajeada: su relación con el director de teatro José Tamayo, con quien colaboró realizando vestuario para alguna de sus obras, y la amistad que desde la más temprana edad ha mantenido con la cantante María Mérida


La infancia de María Isabel discurrió en el Duggi, en el entorno vecinal de El Monturrio, el popular barrio que asumió cual sombra del almendro, sintiéndolo como patria chica, y que mantuvo intacto en el recuerdo: la tienda de ultramarinos de su padre José Coello y el trabajo que por igual desarrollaba en aquel establecimiento, en Álvarez de Lugo; sus amigos de la infancia; las compañeras del colegio Las Dominicas, la llegada al entorno de Los Salesianos y la llamada a colaborar que a ella y a otras vecinas hicieron los hijos de Don Bosco… De aquellos años María Isabel guardaba puntuales referencias. En mayo el Duggi y Galcerán celebraban las fiestas patronales en honor de María Auxiliadora y San Juan Bosco; la parte baja de Ramón y Cajal, que mantenía la referencia popular de Noria Baja, igualmente confinada antes de su prolongación hasta el Puente Serrador, acogía los ventorrillos, cochitos locos, norias, casetas de feria y en especial la tómbola benéfica que ella y otras vecinas de la Archicofradía de María Auxiliadora establecían para tratar de atender con lo recaudado a las familias que requerían de una puntual ayuda.

Durante unos años, María Isabel vivió en Venezuela. Se estableció allí con sus tres hijos: José Manuel, Alicia y Jesús Juan. Regresó con el firme propósito de atenderles, fijando como meta dotarlos de los mejores recursos educativos e inculcarles sólidos valores para afrontar los retos de la vida. Llegó a la costura y, con esfuerzo y natural valentía, supo superar el reto de los encargos; se abrió camino y ganó la atención de una clientela que le valoró.

Dispuso de su taller, en el que llegó a contar con una treintena de compañeras, atentas a sus indicaciones. No faltaron trajes de gala, atenta a lo que demandaban para las presentaciones en sociedad, bodas, fiestas sociales…

Su trabajo, a través de los diferentes diseños que fue creando, contó con la pronta aceptación de los organizadores de las galas de elecciones de reinas y en certámenes de belleza. El nombre de la práctica totalidad de las misses y reinas de las fiestas a lo largo de más de 30 años va unido al de Isabel Coello, que llegó a asumir la titularidad organizativa de certámenes de rango nacional como el de Maja de España.

Los grupos del Carnaval y los carnavaleros de a pie encontraron en María Isabel Coello una eficaz aliada. En su taller se atendían los encargos, que año tras año se acrecentaban. Los diseños de Isabel Coello son una constante en las galas de elección de la Reina del Carnaval, en el esperanzador periodo que adopta el título de Fiestas de Invierno, y van a contribuir a despertar inquietud y afanes de renovación entre un grupo de jóvenes que acuden a su taller, como Justo Gutiérrez, Leo Martínez… Isabel Coello será desde entonces una leal y eficaz colaboradora de la Comisión de Fiestas, aportando iniciativas y facilitando contactos con figuras nacionales e internacionales.

La iniciativa vecinal con el inmediato respaldo del obispo Felipe Fernández puso en marcha el proyecto de dotar al Duggi de una iglesia parroquial, que contó provisionalmente con la capilla del Colegio de la Asunción. María Isabel Coello y un grupo de amigas inicia una intensa labor con la que se proponen recaudar fondos y acometer las obras que años más tarde permiten abrir al culto el actual templo, en la calle Serrano. Organizan para ello cenas, meriendas, desfiles de moda, exposiciones y subastas de arte, conciertos… La amistad y decisión activa de Isabel Coello, respaldada en todo momento por su hermano Felipe, le lleva a contar con Mari Carrillo, con las Hermanas Hurtado o Pepe Rubio, y hacen posible que ofrezcan su colaboración interpretando diferentes obras de teatro en el Guimerá. Con idéntica generosidad participan en galas y encuentros María Mérida, Maricarmen Mulet y Añoranza o el grupo Tajaraste, entre otros.

La generosidad de María Isabel Coello le lleva a consolidar un puente de intensa colaboración con Cuba, asumiendo que ese país y sus gentes están unidos a su origen, con referencia expresa a Bejucal, lugar en el que vivieron sus padres y donde ejerció el sacerdocio su pariente Simón Higuera Marrero. Durante muchos años su casa se convirtió en punto de acopio de medicinas, alimentos, ropa y cuanto pudiera ser de utilidad para los descendientes de canarios y el pueblo cubano en general.

Numerosos vecinos y amigos se sumaron a su iniciativa y supo establecer los medios que hicieron posible el envío. La iglesia de Bejucal recibiría en esos años un sagrario y los ornamentos litúrgicos, al tiempo que los niños de ese municipio pudieron contar con abundante material escolar y los mayores, con las medicinas y otros bienes de primera necesidad.

JUNTO A OTRAS DOS CHICHARRERAS, EN EL PODIO DE LA BELLEZA Y LA NOBLE AMISTAD
Noelia Afonso Cabrera, Miss Europa 1970, y Rosa María Pérez Gómez, Miss España en 1963, junto a otras jóvenes isleñas, demostraron lealtad sincera y correspondieron a la amistad generosa de su “madrina”, con quien compartieron infinidad de confidencias.

Diario de AvisosZenaido Hernández

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