martes, 20 de noviembre de 2018

Unas con 120 componentes, y otras no llegan al mínimo: ¿todo por un cartón?

En los últimos años cada vez es más habitual encontrar murgas adultas que incluso superan los 85 componentes, el máximo autorizado por Fiestas.

Entre las más numerosas, Mamelucos y Triquikonas, que sobrepasan el centenar. No se quedanmuy atrás Diablos Locos y Bambones, o Zeta-Zetas y hasta Burlonas.

Una murga numerosa es sinónimo, salvo honrosas excepciones, de un colectivo finalista y, generalmente, entre los favoritos para lograr un cartón.

Comienza ahí el debate. ¿Acabó el espíritu murguero? ¿Ya no existe el componente que estaba en un grupo por compartir un rato con sus compañeros, sino que se ha impuesto la competitividad? ¿No se sienten los colores? ¿Ahora predominan las murgas de cartón?

Muchas preguntas que ocultan una única preocupación: los nuevos componentes van a engrosar en su mayoría las filas de los grupos ganadores o populares. La murga como un grupo de amigos o una familia ha pasado a ser casi una pieza de museo. Ahora muchos prefieren ensayar en las grandes, aunque a lo mejor solo puedan salir a cantar el pasacalle en el concurso el día de la final.

Con este diagnóstico, los nostálgicos temen, muchos auguran, el fin de un ciclo en el que la mayoría comenzó con 15 o 20 años y todavía hoy con 50 continúan disfrutando. No faltan las voces críticas entre las nuevas generaciones, que lo consideran un tapón generacional y reclaman para los nuevos letristas y directores musicales la oportunidad que los más veteranos un día disfrutaron.



Mientras, se teme que la desaparición de murgas sea fruto del fin de una etapa que, año tras año, el público de la final evidencia que goza de buena salud.

Humberto Gonar 

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