jueves, 12 de julio de 2018

"El Carnaval está desfigurado porque el vecino pasa a ser solo un espectador"

Resultado de imagen de felipe bermúdez teólogoFelipe Bermúdez, de 74 años, teólogo natural de la capital grancanaria y que reside en Fuerteventura, impartió ayer una conferencia sobre 'La fiesta popular y la identidad canaria' en el Campus de Etnografía y Folclore, que impulsa la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), dentro del XXIII Festival Internacional de Folclore, en el Centro Cultural Federico García Lorca de Ingenio. Este investigador no sólo analizó las fiestas religiosas, sino también las laicas y las seculares.

¿Cuáles son los peligros que puede correr la fiesta tradicional canaria?

Existen muchos. Entre ellos, el que está ocurriendo hoy en día: que la fiesta se convierte en un espectáculo, es decir, que el participante deja de ser un protagonista y pasa a ser sólo un espectador. Eso ocurre, por ejemplo, en el Carnaval, que es también una fiesta tradicional, aunque no religiosa como es la romería o la procesión. También están las fiestas seculares, relacionadas con la naturaleza o los alimentos, como la Traída del Agua, en Lomo Magullo (Telde), o la del gofio o de la cerveza.

¿Qué otra peculiaridad tiene el Carnaval en el Archipiélago?

Canarias es el único lugar del mundo donde se celebra durante dos meses por no hacerse en la fecha que le corresponde y en relación a la semana del martes de Carnaval, y antes de la cuaresma. En Gran Canaria empieza el Carnaval por la capital, luego por Telde, Agüimes y los demás municipios, acabando en Mogán. Lo mismo pasa en Fuerteventura y en Tenerife. Ocurre en todas las Islas. Está desfigurado.



¿A qué se refiere con al decir Carnaval desfigurado?

Que pierde la esencia de la fiesta, que se estropeó. De ponerse la máscara y ser el protagonista, diciendo y siendo quien no eres en la vida normal, se convierte en ser sólo un espectador pasivo.

¿Hay romerías donde se pierde su esencia?

Exacto. Pasa de romería a ser ronería. La fiesta tiene que hacerse con sentido. Hay que ser críticos. También es un error que el Ayuntamiento la acapare. Si no hay comisión de fiestas, no la hace el pueblo. Los que están en el poder pueden usar la fiesta para sacar rédito electoral, como los caciques que las apoyaban económicamente porque daban prestigio social.

¿Caben las normas en la vestimenta de los participantes?

En principio, sí, pero se puede caer en el purismo excluyente.

¿Cuándo realizó el trabajo de investigación sobre las fiestas populares canarias?

La comencé en la década de los años 80 y durante diez años. De ahí se publicó el libro Fiesta popular e identidad canaria, que publicó el Centro Teológico de Las Palmas de Gran Canaria. Es una investigación teológica, que sigue los criterios de ver, juzgar y actuar. Es un trabajo que he continuado y se reeditó dicho libro.

¿Cuál es el objetivo que busca en esa investigación?

Es y era buscar y encontrar las características propias de las fiestas populares en el Archipiélago canario. Y las tiene. Porque he estudiado y comparado con fiestas que tienen lugar en distintos lugares de la Península, como en países americanos. He estado en Brasil, Perú, Nicaragua y México, entre otros.

¿Cuáles son esas características propias de las celebraciones populares canarias?

Está, evidentemente, el carácter religioso porque el origen de la mayoría, en torno al 95 por ciento, es ese, como sucede en las fiestas de muchos otros rincones del mundo. Sin embargo, hay características especiales, entre otras: la presencia de vestigios; la recreación a partir de finales del siglo XIX de aquellas que eran aborígenes, como las Ramas de Agaete y La Aldea; contar con la luchada, de origen bereber, y es como el caso de que en Fuerteventura no se puede pensar en fiesta tradicional sin los elementos de religión, baile y luchada; la itinerancia, es decir, que son bailadas, como la bajada de la Virgen de los Reyes de El Hierro.

¿Estos temas son los que usted trató en su conferencia en el Campus Etnográfico y Folclore?

Exacto. Hay que tener en cuenta que la fiesta es una necesidad vital al que no puede renunciar nunca el pueblo.

La Provincia - Diario de Las PalmasMarcos Álvarez Morice

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