miércoles, 9 de mayo de 2018

Belleza moral

Resultado de imagen de bermudez entregando cetro reina carnavalJosé Manuel Bermúdez defenderá la Gala de la Elección de la Reina del Carnaval hasta la última gota de su sangre vasilona y tal. Tal vez sea un exceso y, por el momento, no peligre el orden del Universo. Sí se Puede presentó en el Ayuntamiento de Santa Cruz una propuesta para abrir el debate sobre determinados certámenes y actos de las tradiciones festivas con la suficiente torpeza expositiva como para provocar la furia de la Bestia carnavalera. Me producen compasión porque no saben con quién se la están jugando. En el subsuelo de carnaval dormido se agita una forma oscura once meses al año. Es el kraken, conocido también como sentimiento popular. Un día te hartas y sentencias que las murgas son insoportables: se suelta al kraken y no descansará hasta hundirte. Que Sí se Puede ignore algo tan elemental me parece preocupante. El Carnaval, cualquier carnaval, supone una implacable fetichización de símbolos. Quizás la Reina representa el sagrado fetiche central de las fiestas chicharreras. Al carnaval no le pides debatir sobre sus símbolos. Son innegociables. El carnaval es narcisista: vive y sobrevive gracias a su reproducción en el tiempo y a la capacidad de generar memoria compartida. Y de veras: es una torpeza hablar de la gala como de un acto cargado de sexismo. Casi siempre las concursantes son invisibles bajo unos trajes en los que las lentejuelas, los cristales, las telas y el metacrilato entretejen mil variaciones sobre la misma, aparatosa vulgaridad. Un desfile de latas de fabada de Litoral sería igual de excitante.



Como ocurre a menudo con las izquierdas el error de SSP -y la exagerada y alarmista réplica como respuesta disuasoria- ha sido priorizar sus propias convicciones sobre las preferencias de la inmensa mayoría de la gente. La pedagogía política tiene severos límites si uno quiere dejar de enseñar sensibilidades para comenzar a aprender a gobernar intereses. Que no son únicamente los tuyos y menos aún desde un punto de vista cultural, ideológico o ético. Ha sido un despiste descomunal, desarmante. Sí se Puede ha apostado desde hace una década por moderar el discurso para aumentar su base sociolectoral. Se ha prohibido cualquier sintagma izquierdista: izquierda, socialismo, independencia, autogestión. La sopa semántica que formaba parte de sus hábitos discursivos pero que se ha evaporado en sus intervenciones orales o escritas. Para no asustar a nadie. Para no enajenarse la simpatía y eventualmente el voto de las martirizadas y empobrecidas clases medias del país, sin el cual es imposible ganar las elecciones. Pero ahora, y a propósito del carnaval, no han podido resistirse. Les ha ocurrido lo que expresa muy bien Daniel Gascón en su libro El golpe de estado posmoderno: "emocionarse contemplando su propia belleza moral". Ah, la emoción les ha cegado. Si tenemos razón, ¿por qué no nos la dan?

Aun así no es imposible que un día gobierne Sí se Puede y transforme la Gala de la Reina del Carnaval en un Concurso de Talentos Con Perspectiva de Género y Sin Barreras Excluyentes, y que lo gane de Efraín Medina y que su rotunda victoria, como una ola, sea el prolegómemo del triunfal regreso de CC al poder municipal.

La Opinión de TenerifeAlfonso González Jeréz 

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