jueves, 3 de mayo de 2018

Angelita, alma que viste y da sabor a mayo

Las Fiestas de Mayo de Santa Cruz, desde que tomaran el relevo a las Fiestas de la Primavera, se han celebrado en diferentes "altares" de la capital como la plaza del Príncipe, el Viera y Clavijo, la Recova Vieja, el Parque García Sanabria, la plaza de La Concepción, la del Príncipe o la Alameda, pero año tras año se descubren rostros de dirigentes vecinales, de grupos de Carnaval, o ambas cosas que se han dedicado durante décadas a la participación ciudadana.

Ángeles González Ledesma, conocida familiarmente como Angelita, es uno de esos vecinos infatigables, y tanto se le puede ver "tirando" de su murga infantil El Cabito, como preparando los trajes para la gala de la reina de mayo o los calderos para el concurso de comidas típicas. Sinónimo de El Cabo, ha sido desde promotora de la asociación Los Caberos, junto al recordado Ramón Frías, a fundadora de la murga infantil El Cabito o impulsora del rescate de la rondalla El Cabo, cuando en 1983, después de siete años sin salir, encabezó la "refundación" durante cinco años que devolvieron a la agrupación lírica al Carnaval.

Pero en mayo, los disfraces de El Cabito pasan a los cuartitos de la parte alta de la casa-local de ensayo cercana a La Hierbita, en la calle Clave, y allí se respira el tipismo de las Fiestas de Mayo, entre los trajes -en especial infantiles- para candidatas a reinas y para los grupos, donde se confeccionan y se preparan para galas y concursos. Y cuando se da una tregua y se acerca el baile de magos, como el de esta noche, o el próximo concurso de comidas típicas, la casa huele a mayo. A mojos, cherne, conejo... Testigos de esta transformación, los licores que pone en maceración de un año a otro en tarros de cristal sobre una barra de bar.



Angelita nació, como no podía ser de otra forma, en el barrio de El Cabo, en 1946, hija de maestro Ángel -maestro albañil de reconocida reputación profesional- y Carmen, que era costurera y "sastra" de hombre -confeccionó incluso para Peceño-, un arte que heredó, y amplió, Angelita, la pequeña de dos hermanas; la mayor, Carmen.

Ya con 10 añitos, cuenta Angelita, iba al colegio con una cajita en la que llevaba unos almendrados y unas manzanas de azúcar que vendía; y el negocio era tan próspero que hasta preocupó al quiosquero que estaba cerca. Para fortuna para ella, en el intento por quitarla, una vecina argumentó una mentira piadosa al decirle que la dejaran allí porque con el dinero que ganaba ella podía comprarse su ropa y comer, porque era huérfana, algo que no era así. "Y cuando no había almendra, los almendrados eran de castaña picada", cuenta sin perder la sonrisa. Pronto dejó los estudios y comenzó a trabajar en la fábrica de tabaco Guajiro. ¡150 pesetas era su sueldo semanal!

"Las miras entonces eran de casarte y dejar de trabajar", explica. Y así hizo cuando conoció a Basilio, un hombre comprometido con el deporte que "fue buen jugador; incluso estuvo de prueba en el juvenil del Real Madrid", matiza. Al contraer matrimonio, y a su pesar, la pareja se estableció en El Cardonal, pero cinco años después volvió a El Cabo, a un piso cercano al Mercado, donde vive aún. "No tiene ascensor; eso es lo que me tiene bien las piernas", se ríe.

Padres de tres hijos, recuerda que presentó a su hija Lourdes con un traje tradicional de Mazo, que le llaman "de Alcaldesa". "Hasta entonces solo se veían ropas de Santa Cruz o La Orotava". Ese traje lo conserva aún, 30 años después. Destaca la ilusión, las manos y la colaboración de la infatigable costurera Eugenia Portugués. "Siempre intentábamos hacer algo diferente, y nos íbamos por las islas a investigar. En La Palma, incluso nos abrieron la vitrina y Eugenia fue capaz de sacar los patrones de un traje que podría tener 150 años de historia", comenta como si la estuviera viendo. Desde que la hija de Angelita tenía 4 años la presentaba en el concurso de trajes típicos, que le consultó el concejal de Fiestas de la época, Ernesto de la Rosa, y que finalmente organizó. Estuvo 18 años ganando el primer premio y, sobre todo, preocupada para que no se dejaran de celebrar. Antes de trajes, participaba en el concurso de comidas típicas, hace 46 años.

En paralelo, los chicos que presentaba al certamen de trajes típicos quisieron sacar una murga, y nació la infantil El Cabito (1980), y de ese grupo surgió la idea de presentar una reina al Carnaval, María del Pino Martín (1982), que ganó. "Pero mayo no es Carnaval, es algo muy serio", advierte.

Humberto Gonar 

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