domingo, 18 de febrero de 2018

¿Existen límites para un disfraz?

Los disfraces vuelven a guardarse en el fondo del armario. Hay quienes esperan al Carnaval durante todo el año y otros que se suman arrastrados por la multitud. La improvisación, la creatividad, la estética y el humor se convierten en algunas de las pautas para escoger el atuendo. Pero ¿qué conduce a pintarse la cara de color negro, comprarse una peluca afro y combinarla con una falda etiquetada como hawaiana en su envoltorio? Esta suele ser una opción para representar el concepto de tribu, da igual si es la Zulú o la Masái. La visión generalizada abarca todo lo que tiene su origen al otro lado del mar. ¿Subyace un comportamiento racista en esta costumbre festiva?¿Qué lleva a las personas a dividir el mundo en símbolos estereotipados? ¿Se debe a una falta de sensibilización?

"Detrás de usar la negritud como disfraz hay ideas peligrosas, racistas. Nadie se disfraza de blanco porque se supone que ser blanco es lo normal", asevera Antoinette Torres, fundadora de la web Afroféminas. El black face tiene su origen en los Minstrels de 1840. Entre este año y 1900 en Estados Unidos se desarrolló un género teatral de carácter cómico, protagonizado por actores blancos que pintaban sus caras de negro. Las melodías empleadas en estas obras eran una representación de la idea que tenían los blancos de la música negra. Además, cuando a partir de 1855 se introducen en los elencos actores negros, ellos también tenían que responder al estereotipo instalado, pintándose la cara.



Asimismo, en su origen, el Carnaval era un período de permisividad y crítica social. La profesora del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna, Teresa González, valora que "ahora hay una especie de hipercorrección; hay que tener mucho cuidado con un montón de estereotipos y de sentimientos de gente que puede sentirse ofendida". Además, añade que limitar al Carnaval puede chocar con su "esencia transgresora".

Víctor, uno de los componentes del grupo humorístico Abubukaka opina que la intención de las personas que salen a las calles en estas fechas "no es ofender a nadie", también añade que siempre se cae en imitaciones exageradas, pero que no buscan convertirse en una falta de respeto.

Por su parte, Isabel Obama, estudiante de Periodismo nacida en Guinea Ecuatorial, se pronuncia acerca del humor en el Carnaval argumentando que los límites de las bromas no los pueden decidir las personas que no sufren las consecuencias de estos estereotipos, ya que "detrás de estos casos hay un trasfondo mucho mayor" relacionado con la posición que ha tenido la población negra a lo largo de la historia. "Creo que se produce por ignorancia, no creo que la gente quiera oprimir a nadie a conciencia", concluye.

Apropiación cultural

Más allá de la época carnavalera, el uso de símbolos procedentes de otras culturas y zonas del planeta es una práctica cotidiana. Sin embargo, los significados que adoptan estos elementos difieren en los distintos rincones del mundo. Lo que Occidente adopta con un fin estético, para el sur puede ser un recuerdo de opresión o un signo de liberación.

Es el caso de las trenzas pegadas o cornrows braids, una tendencia en Europa y un mapa de fuga en el continente africano en los años de esclavización. Hace aproximadamente 500 años las mujeres trazaban salidas de escape en el pelo de las más pequeñas mediante el trenzado. Otro ejemplo es el Nath, usual en la India, un aro en la nariz que se retira durante la noche de bodas para simbolizar el fin de la virginidad.

Es entonces cuando entra en juego el concepto de apropiación cultural. Obama define esta expresión comentando que se produce cuando un colectivo que históricamente ha estado en situación de privilegio toma la cultura de otros oprimidos, trayendo consigo una pérdida del valor y el significado de los mismos.

"Se piensa que no queremos que las personas caucásicas en general usen nuestra cultura, pero no es así. El problema es que se utilice algo, pero se olvide de dónde salió", insiste Antoinette Torres, fundadora de Afroféminas.

Existen sectores que atribuyen esto a la globalización. Naciones Unidas define este fenómeno como un proceso de integración que acerca el mundo a través del intercambio de conocimientos, bienes y cultura provocado por el avance de la tecnología, entre otros. Asimismo, añaden que es un transcurso caótico que plantea problemas importantes. "La cultura en la actualidad es una industria, y más en Occidente. Puede que haya un uso indiscriminado donde lo que podía ser un ejemplo de práctica opresora se descontextualice y se ponga de moda", comenta la socióloga Teresa González.

Frente a esta postura, Torres apela a la exclusión que experimentan las personas por su procedencia, religión, color de piel o cualquier elemento que las aleje del fenotipo o características propias de Occidente. "Se quiere nuestra cultura, pero no a nosotras. Se quiere nuestra música, pero no a nosotras. Se quieren nuestros conocimientos, pero no a nosotras", asevera.

La Opinión de TenerifeNatalia G. Vargas

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