sábado, 20 de enero de 2018

Las murgas infantiles ponen el acento en las desigualdades de la sociedad

Siete Murgas Infantiles se subieron ayer al escenario del Recinto Ferial de Santa Cruz de Tenerife en la segunda fase del concurso ofreciendo sus mejores letras a sus entregados familiares. En un nuevo día con dos tercios del aforo sin cubrir, Fiestas debe reconsiderar cobrar entrada.


Los Minivirgues de La Orotava, con 40 componentes, cantaron Ladrones de guante blanco en el que pidieron que no “roben el cariño y la esperanza” a los niños, y temen que “nos roben nuestro futuro y el de nuestra generación”, “las ilusiones y la felicidad”. Lo que nunca les podrán robar “mis derechos y que pueda opinar”. En Gafas de realidad virtual, los pequeños se pusieron ese gadget que les trasladó a una realidad idílica, pero tras quitárselas ven “padres sin trabajo, abuelos con una pensión que no llega a fin de mes y familias que no tienen para comer”, anhelando “tener un futuro de realidad aumentada”.

Seguidamente, los Chinchositos comenzaron con el tema Niños en igualdad, niños con igualdad en la que pidieron un mundo donde “los niños vivan en igualdad y amor”, lamentaron que sean los niños los que sufren las penurias de las guerras, sin refugio y cobijo; cantaron a los inmigrantes que mueren tratando de llegar a España. Incidieron en la pobreza de la población canaria y pidieron “un mundo mejor, con igualdad y más seguridad”. En su segunda canción, titulada Si te ríes no es verdad y si es verdad, tienes las gafas sucias, sus 47 componentes arrancaron con un trabalenguas, pasando por “quiero un Samsung o un Iphone, que lo compres en el Cortés Inglés y no por AliExpress” o “¿cómo se dice en chino manos sucias? tú eres eres cochino”, y criticaron a Fiestas por no darles una merienda, “igual que al jurado”.



A continuación, Los Rebeldes, con 58 miembros, cantaron El adultómetro, un aparato que descubre las “canciones para niños hechas por adultos”. Desearon tener “la batuta de Enrique para seguir sus pasos, libretos antiguos de murgas, un pito para sonar con fuerza, el bastón de Charlot, y el aplauso de la afición”. Tras reclamar ayudas y becas de estudio para evitar la desigualdad, pasaron a las microalgas, hicieron un trabalenguas con YouTube, para cerrar con la Casa del Carnaval, “una chapuza de cuatro trapos que se han inventado”. Seguidamente interpretaron Niños prodigios, juguetes rotos en la que incidieron en todos esos niños a los que robaron su infancia “sin preguntar. Yo solo quiero jugar”, y una brillante la estrofa dedicada al alcalde “Bermúdez, niño prodigio es el espejo en que me miro. Sin talento llegó a la gloria, y si él pudo, yo también puedo”.

Con 20 años de historia, Los Revoltosos, salieron al escenario para cantar Un grupo de amigos con distintas opiniones en la que hablaron sobre la dificultad de ponerse de acuerdo en la murga debido a las edades de sus 30 componentes. Tras recordar a Fiestas que no les dan “ni un bocadillo” se centraron en “da igual la edad, la educación está fatal”, y lamentaron que otras murgas apaguen el micrófono ya que los más pequeños “cantan mal”, que en su barrio “los niños no quieren salir en la murga” para afirmar que “quiero seguir desde niño lo que de adulto está perdiendo”, en alusión al ansia de premio de las murgas adultas. En su segundo tema, La mentira del Carnaval o No sigamos matando la cantera, los Revoltosos comenzaron a Contar mentiras “en el concurso de murgas no se cobran las entradas, detrás del escenario hay bocadillo de mechada o siempre hay premio para todos, nunca hay peleas”. Criticaron el trato recibido el año pasado cuando se les quemó la guagua que les transportaba el día de la fase “y nos trataron que te cambas, nos cambiaron nuestro puesto, y nosotros muy contentos”. Sin embargo, la verdad es distinta “si pudiera, quitaría sin pensar todo lo que veo mal del Carnaval”, para pedir “cambiar premio por amistad, ni guerra, ni pelea” o “todos juntos haremos más grande la fiesta”.

Los Minivirgues, con su disfraz Con el tiempo ajustado, los ladrones han llegado. Andrés Gutiérrez
Posteriormente, actuó El Cabito que comenzó con el tema Recuerdos de mi viejo Carnaval en el que se preguntaron “Quién cuidará mis carnavales?”, alabaron a los Diablos Locos “murga que ayuda a los niños” y finalizaron pidiendo al colectivo murguero que sea una familia, “somos la cantera y no se pueden olvidar de ello” y “no quiero ver a ningún niño pelear”. En su segunda canción, Piratas del Cabito, navegaron junto a los miembros de las cuatro murguitas que no salieron en esta edición “aunque no estés yo canto por tí”, para pedir “navegar con el mismo rumbo”.

Desde Los Realejos, los 43 miembros de Distorsionados subieron al escenario para cantar Lo más importante no es lo que tengo, sino a quienes tengo en el que trataron la problemática de los niños inmersos en el divorcio de sus padres. “Un niño no tiene un libro de instrucciones bajo el brazo”, para recordar que “la atención es fundamental” y pedir “la implicación de los dos padres en su educación”. Su segundo tema, Mi profesión no es una moda…, disertaron sobre los problemas que tienen personas o colectivos: “Si eres diferente, te señalan y te tratan con desprecio. Estoy cansado de ser un bicho raro, y por las apariencias ser juzgado”, aquí unieron personas con tatuajes, ciegos, sordos, autistas y discapacitados, y pidieron “que no tengan barreras por su limitación”.

Los Mamelones, con 55 componentes, cerraron la segunda fase. En su primera canción, Como Chago Melián ya pasó de moda, a los niños del coro llamé para bautizos y bodas, recordaron a los niños de padres separados, y señalaron que se pasan todo el día “cantando, tareando, no lo puedo evitar”. En su segundo tema, El silencio de los museos, cantaron al bulling “niños que viven con miedo y han perdido el sueño, atemorizados van al colegio” para sentenciar con “al abusador, la educación empieza desde casa”

Diario de AvisosJuan Jesús Gutiérrez

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