martes, 23 de enero de 2018

Decepción en la fase con mayores expectativas

Quizá por el nombre de las participantes y porque se esperaba que algunas se desquitaran del mal sabor de boca con el que se quedaron el año pasado, la primera fase del Concurso de murgas Adultas, celebrada este lunes, dejó más sombras que luces. Y es que ninguna de las teóricas cinco claras aspirantes cuajó una actuación sin reparos y que la garantice ya mismo su pasaporte a la final del viernes. De lo salvable, el segundo tema de Triquikonas, donde las de Almudena Domínguez explotaron a la perfección ese tipo de humor que solo ellas saben expresar. Del resto, Burlonas firmó dos temas sobrios y de mucho contenido pero sin estridencias, y Trapaseros dejó algunos destellos de su intención de volver a ser la murga de hace unos años. Mientras, Diablos Locos sigue sin convencer en una eliminatoria y en este caso soltó dos temas, de estilos muy diferentes, pero con la misma sensación de desorden. Klandestinas dejó un buen sabor de boca, superando claramente a MasQLocas y Noveleras, mientras que Las Traviata fue la gran decepción ya que lejos de desquitarse de su ausencia en 2017 en la lucha por los premios no conectó en ningún momento y perfectamente podría ver de nuevo la final desde la grada.


Trapaseros
Los encargados de abrir la noche fueron Los Trapaseros. Desde Los Realejos llegaron con la fuerza que les suele caracterizar en una entrada reivindicativa (viaje a Gladis de León incluido), con el regreso como director de su otrora impulsor Domi González, y enfundados en un disfraz de fraile que invitaba a pensar un cambio de vestuario desde su primer tema. Pero no, los norteños explotaron de entrada su fantasía con una canción que tuvo una variada temática. Desde sus rezos por los montes y los animales que sufren en las peleas clandestinas (con demasiadas sílabas en ocasiones), o sus alabanzas a la afición del Tenerife (sonó a aplauso fácil) orando que "el azul y blanco son" sus "colores" y su "religión". Un tanto forzada pareció su mención a los emisarios y la suciedad que invadió en verano las costas isleñas, pero luego remontaron, y mucho, escenificando la Gala Dragg de Las Palmas para arremeter contra la Iglesia. "Esto es carnaval le guste o no a usted, y aunque seas canarión lo defenderé", cantaron en contraposición con los abusos y desmanes de la Iglesia. Con las listas de espera y los desahucios les desearon "el infierno a los políticos", y aunque les faltó algo más de contenido y fondo en ese epílogo, lograron conectar bien con la afición.



El plato fuerte de Trapaseros llegó con ´Los putos amos´, con el que se convirtieron en travestis prostitutos en su particular barrio rojo. Con una cuidada escenificación (desde los clásicos escaparates de Amsterdam y las luces de neón), los realejeros salpicaron su entrada con píldoras de acidez ("Casimiro aquí puedes venir") y humor ("si eres residente te hago un buen descuento"). Con lencería fina, labios pintados de rojo chillón y hasta tacón, ya el tema de por sí, visualmente, atraía por sí solo antes de entrar en un tono más serio. Se quejaron de lo perseguida que es la figura de la prostituta cuando realmente "son los políticos los que hacen daño". Tras algún altibajo, metieron en escena al concejal lagunero Zebenzuí y aunque de entrada la referencia parecía algo forzada, luego la levantaron con mucho ingenio, desde una curiosa coreografía hasta un casting particular con singulares candidatas ataviadas de garrafones de vino, piñas de plátanos y panceta ahumada. "A una mujer no se le trata así", remataron antes de un gran final a modo de homenaje en el que defendieron un oficio con el que prefieren ser "honrados en este escaparate antes que un mangante" en referencia a la clase política a la que compararon con "los proxenetas que en el barrio rojo a todos chulean". Su epílogo llegó y dejó más que satisfecha a la grada, que aún así expresó un nivel inferior de agrado que el de los propios murgueros norteños. Trapaseros pudo bajarse sabedor de haber purgado todos sus pecados.

La Traviata
Si en Los Trapaseros existía un cierto ánimo de revancha consigo mismo, mayor era esa sensación en La Traviata. Pero los de El Toscal se quedaron a medio camino de saldar sus cuentas respecto a 2017. Por mucho que rescataran uno de los dos temas, versionado, que habían reservado para la final de hace un año. Sonaron bien en su arranque, pero lejos de sus mayores alardes de antaño. Se preveía un bombazo en sus temas, pero pincharon, al menos para lo que puede esperarse de ellos. La dependencia hacia el Facebook fue la excusa para su primera canción, explotando al máximo su jerga en un quiero y no puedo en medio de varios bandazos que impidieron una marcha firme de la murga. Recuperaron a su director Josechu Álvarez del baño y agregaron a casi toda su percusión mientras la interpretación ya bordeaba una monotonía salvada muy bien con la denuncia al maltrato a las mujeres cantadas por varias chicas. Ahí tocaron la fibra antes de ´felicitar´ a Coalición Canaria por su 25 aniversario. En su recorrido por la historia del partido nacionalista (desde Hermoso a Clavijo) se metieron el muro de su Facebook y dejaron la letra de su canción; pero el efecto se perdió, por mucho que se refirieron a la sanidad o temas similares. Su final tuvo contenido, pero su rampa de lanzamiento no había sido la de otras veces, y los paralelismos con eliminar, agregar, bloquear y etiquetar no llegaron del todo. Aunque musicalmente no se les puede poner peros, su traca de costumbre nunca apareció.

Tras pinchar en la primera, su particular surfero, José Manuel Bermuda, era su tabla de salvación para llegar a hasta la final. Pero como en su canción anterior, no terminaron de coger el rumbo pese a que el hilo conductor estuvo siempre presidido por una letra bien argumentada. Las referencias a las microalgas y a la playa de Valleseco no terminaron de explotar, como tampoco lo hizo la del pescador que trató de rescatarles y que denunció la desaparición de las cofradías. No les funcionó igualmente el ponerse de buen rollito en un revoltillo que incluyó algunas frases ya extemporáneas. No les valió para levantar el vuelo ni su referencia a las plataformas petrolíferas ni un mensaje bucólico para que el chicharrero recuperara su viajo Santa Cruz. Llegaron a la orilla sin aire ni convicción, y pese a que su despedida contagia como siempre, perfectamente pudieron hacer un 360 para quedarse donde mismo hace un año.

MasQLocas
Pese a que sus predecesores habían pinchado, MasQLocas no fue capaz de aprovechar ese inesperado bajón para destacar. Las de Tania Fernández no se complican la vida musicalmente hablando, e incluso tratan de explotar algunos recursos de canciones frescas, pero entre que solo son 44 y que sus letras no les acompañaban, saldaron su actuación solo de forma decente. Su primer tema versó sobre la falsedad de una sociedad "rodeada de mentiras". Desde los que usan las redes sociales para aparentar, provocar, alarmar, hasta los que se esconden "tras el traje y la corbata", donde "casi siempre hay un ladrón" en referencia a Zerolo, cuyo lugar, "casualidades del destino está entre rejas". Lejos de huir de lo que estaba siendo ya una interpretación monotemática, MasQLocas apostó por abordar asuntos internos para denunciar la falsedad de los murgueros. "Todo vale cuando se trata de escachar en Carnavales", cantaron a la vez que se preguntaron sobre el futuro de su colectivo y recordaron (como ya habían hecho en su entrada) a las infantiles que no salieron este año.

Tampoco se encontraron en su segundo tema, donde mezclaron todo lo posible y más sobre el hilo conductor de "una chica buscando curro". Hablan de asuntos como la Sanidad, pasando por la suegra, un ligue de playa, las colas, la igualdad, del canarión que presume de la UD e incluso sacaron la bandera de las siete estrellas verdes. La educación y los desahucios les sirvieron para cerrar antes de una última petición, la de que "luchar por lo nuestro valdrá la pena". El año pasado dieron síntomas de una mejora evidente, pero en 2018, al menos por lo visto en esta primera fase, parecen haberse estancado.

Triquikonas
Con el pelotón de Almudena Domínguez (95 componentes) llegó uno de los momentos más álgidos, al menos para la grada, que arropó a Triquikonas desde su entrada, y a modo de palmas ante la ausencia de su percusión en una nueva píldora de su clásica innovación dentro de su puesta en escena. Como clásico es también para ellas el pasar por el trago de un casi imperioso tema serio en la fase. Y este año volvieron a cumplir con ello, aunque por momentos (no pocos) no conecten y hasta sean reconocibles. Lo hicieron esta vez parodiando la elaboración de una letra en el mismo escenario. Entre que no se las vio cómodas y que por instantes su discurrir pudo recordar a Bambones (y por varias razones), el tema fue plano durante mucho tiempo. El mérito de enlazar un tema con el final de otro que leían en un periódico se diluyó por una falta de dicción al cambiar de fuerza vocal. Subieron el nivel con una retahíla sobre políticos y sendos homenajes a los transexuales y las mujeres que padecen cáncer (con pañuelo incluido). Pero la canción no terminaba de explotar y Triquikonas corría el serio riesgo de restar más que de sumar. Sin embargo, en el giro que por ejemplo le faltó a Traviata, sacaron las tablas a representantes de las cuatro infantiles de este año. "Me uno a mis compañeros para darnos fuerza y el próximo año estar aquí", cantaron los pequeños al borde del escenario mientras el Recinto se ponía en pie para que la murga salvara decentemente su obligado compromiso.

Superado el escollo, llegaban las verdaderas Triquikonas. La de las músicas y frases frescas, las de la coreografía casi milimétrica, las de los gags que arrancan carcajadas (o como mínimo esbozan una sonrisa), e incluso la de un lenguaje que bordea lo soez pero que no termina de entrar en un terreno pantanoso por la manera en la que las de Almudena Domínguez lo expresan. ´La conciencia de Raquel´ fue, en esta ocasión, el hilo conductor para llegar de lleno a la grada. Así, la chica en cuestión vivía diversas situaciones, como comerse una pachanga, salir de marcha o incluso fingir un orgasmo, casos en los que conciencia, desde una especie de control central, trataba de reconducirla, aunque sin éxito. Con tres o cuatro golpes ya habían hecho más que el resto de participantes. Uno de los éxitos de su estilo es recurrir a situaciones cotidianas, y en esta ocasión (encarnadas en una dependienta) no fue una excepción. Le dieron un giro a su interpretación poniendo en escena "la poca paciencia de la mujer" y justificar que "los hombres no me entienden, soy difícil de llevar". Nueva vuelta de tuerca para darle más aire a su apuesta antes de derivar a su también epílogo fiestero al son que marca La Negra. Sin llegar, ni de lejos, a sus actuaciones de fase en otros concursos, ofrecieron argumentos suficientes para entrar en la quiniela de ocho.

Burlonas
En el mano a mano de murgas femeninas punteras Burlonas tenía la complicada misión de hacer valer sobre las tablas un estilo casi antagónico al de sus predecesoras. Las de Adela Peña suenan igual de contundentes que en los últimos años y eso es un gran punto a favor a la hora de hacer llegar un mensaje siempre cargado de mucho contenido, aunque en esta ocasión la misiva se quedara a medio camino. Probablemente porque el envoltorio no era el más atractivo pese a que el interior no desmereciera.

Su primera canción, sobre la sostenibilidad, recordó en estructura a su tema del turismo de 2017, pero no caló como aquel. Primero se visten de ciudadanos que ensucian, luego de barrenderas para criticar que la basura no se crea sola. También se disfrazaron de microalgas para denunciar que "el gobierno se olvidó de depurar las aguas" y arremeter contra "el que gobierna esta tierra que durante 30 años ha pasado de la contaminación". Ya como murgueras se quejaron de "perder el tiempo en temas absurdos". Burlonas fue siempre en un mismo plano, con fuerza, seguridad y convicción, pero sin una explosión que las aupara a ellas y que levantara de sus asientos a la grada.

Con ´Una letra escrita desde dentro´, la historia de "mujeres normales como yo" y huyendo, avisaron, de temas tópicos, Burlonas dio la sensación de que iba a tocar la fibra y a la vez la puerta de la final. Pero su alegato al machismo en base al caso de ´La manada´ fue casi su único momento álgido. "Cuando es hombre es un machote, cuando es mujer, zorra", dijeron. A partir de ahí las finalistas en 2017 pecaron de tratar temas habituales, pero a diferencia de Triquikonas, la idea de su mensaje fue mucho más genérica y menos cercana, y no caló. Criticaron el machismo laboral, pidieron romper los estereotipos y luchar por la igualdad. Como en su primera canción al contenido se le pueden poner pocos reparos, aunque sí se le echó en falta otra manera de trasmitirlo para una mayor amplificación hacia la grada. Aún así, su sobriedad les puede valer para volver a estar en el Recinto el viernes por la noche.

Noveleras
Después de varios platos fuertes Noveleras tuvo que lidiar con las comparativas de nivel, con una grada que se tomó un respiro antes de la aparición de Diablos, y también con sus propias limitaciones. Y es que con apenas 40 componentes, las de Olga Rivero ya mostraron ciertas dudas y falta de ritmo desde la entrada. Arrancaron con ´El novelediario´, un noticiario en el que denunciaron "el abandono que sufre el Sur", ya que todo "se queda en la capital" y "las obras no se acaban". Les sobraron referencias, un poco perdidas en el tiempo, a José Manuel Soria y al Construcciones Marichal, antes de un homenaje a los profesionales sanitarios y quejarse de una pobre educación en las Islas. Nunca lograron coger el ritmo adecuado.

Le hicieron, en su segunda canción, un guiño a las limpiadoras de hotel, alternando la crítica por su situación generalizada, con algunas pinceladas de humor e ironía tomando como excusa sus elementos de limpieza, como "la lejía para que el gobierno desinfecte" o un "paño para el polvo, pero que Zebenzuí no se emocione". Final serio en el que pidieron "respeto y dignidad" para con este colectivo, algo que reconoció con aplausos la grada. Donde más cómodas y sueltas se les vio fue en una despedida donde no controlaron del todo el tiempo para acabar ya con el reloj a cero.

Diablos Locos
Pese a que la séptima murga de la fase subía a escena a la una de la madrugada, Diablos Locos es siempre apuesta segura para que el Recinto estalle. Independientemente de las condiciones que rodeen su actuación. Los trónicos arrasaron en su arranque, tanto en una entrada muy cuidada, con mucho aire al estilo de Mamelucos, y con la que sacaron lustre a una elegante fantasía (candidata a premio) de faraón del Antiguo Egipto; como en su tradicional pasacalles. Una bomba para la vista y para los oídos. Y precisamente a esa contundencia vocal pareció agarrarse Diablos en las primeras estrofas de su ´Ilustres e ignorantes´, donde tiraron de varios contracantos ilógicos e innecesarios que taparon parte del mensaje. Un mensaje en el que cupo de todo: políticos enchufados, los pasillos de Urgencias, Zerolo, El Toscal, la Plaza de Toros, el Viera y Clavijo y las entradas de los concursos que no pagan los gobernantes. Asuntos del más variado registro y hasta chirriantes por repetidos y manidos históricamente. En su intento de escapar de un camino monótono y hacer más participativo su tema, recurrieron a la grada para llamar ignorante a Repsol, ilustre al CB Canarias, y rendir homenaje al Fidel chicharrero ante la desidia de la comisión. Al menos lograron tocar la fibra.

Escuchar a Diablos en fase también se está convirtiendo en un ejercicio de costumbres, ya que los de Cuesta Piedra sacaron, o al menos lo intentaron, su vena y esencia más trónicas en el segundo de sus temas. Ahí, los de Masi Carvajal repitieron fórmula de los minutos anteriores y le dieron un poco más de cuerda a su particular batidora en medio de continuos bandazos "del más al menos". La Casa de Carnaval ("un cuarto de aperos con cuatro disfraces dentro"), el accidente del barco de Armas, una referencia algo forzada a Zebenzuí González, las microalgas que "Clavijo dice que no son caquitas", la puntuación del jurado al ritmo de Beyonce, y la obligada referencia final al canarión y su carnaval ("a años luz del chicharrero"). Todo valió en ese totum revolutum. Sin llegar a ´la mano´ que los propios Diablos se echaron al cuello el año pasado, la canción (y por extensión toda su fase), como su propio título advertía, acabó siendo un "ni más ni menos, sino todo lo contrario". Pero el nombre, y alguna cosa más, pesa demasiado.

Klandestinas
Tras el pseudopinchazo de Diablos, con la afición saliendo en estampida del Recinto y el reloj acercándose a las 2 de la mañana, subir al escenario se convertía en un loable ejercicio de sacrificio para Klandestinas. Pero las de Cintia Prendes pasaron el expediente con nota, confirmando algunas buenas maneras que ya apuntaron en 2017. Llamaron la atención con un disfraz fluorescente y unas voces bien empastadas y con bastante presencia pese a no superar las 50 componentes. Arrancaron con ´Un tema muy sonado´, donde trataron desde algunos sonidos molestos, la pronunciación de varias palabras (para arremeter contra los precios de Titsa y el concejal Zebenzuí González por "denigrar a las mujeres"). Se atrevieron incluso a ordenar frases (sobre la sanidad y los sueldos de los políticos) mientras lidiaban con una melodía algo atropellada. El recuerdo de disciplinas deportivas olvidadas por las instituciones y un alegato "por la igualdad" les valió para acabar arriba.

Su ´Con Instagram caí en la red´ parecía un recurso sencillo con el que perder puntos, pero nada más lejos de la realidad, ya que Klandestinas supo jugar muy bien con todas las herramientas de esta red social. Desde el postureo de Bermúdez, los retoques para volver a recuperar las galas en plaza de España, ver un Santa Cruz abierta al mar, o iluminar las autopistas. Algunos pasajes ya manidos antes de subir a escena a varios murgueros con los que poder demostrar que "la letra es letra y no debe importar quién la va a cantar". Pese a que quizá sobró su referencia a todos los colectivos de féminas, su rúbrica volvió a ser notable.

La Opinión de Tenerife

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