viernes, 29 de diciembre de 2017

"En el primer Carnaval tenía miedo de que nos detuviese la Policía"

José Febles redactó durante años en LA PROVINCIA/ DLP artículos sobre la fiesta más importante de la ciudad. En breve presentará el libro Las Palmas de Gran Canaria, cuatro décadas de Carnaval en el que recoge infinidad de datos anécdotas.

¿Cómo se originó el Carnaval en la capital grancanaria?

En Tenerife se hacía bajo el paraguas de las fiestas de invierno, pero aquí estaba prohibido porque el obispado tenía mucho poder en la dictadura, que no dejaba celebrar los carnavales. Pero cuando todavía no se había muerto Franco, los vecinos se reunieron para pensar qué hacer para que aquí también se celebrase esta fiesta y entonces decidieron echarse a la calle para empezar a reivindicar un Carnaval para la ciudad.

Porque, ¿se celebraba algo similar antes de la dictadura?

Similar no. Lo único que era similar era la cabalgata, que le llamaban batallas de flores y se hacía en Triana. También había algún esporádico, y se llevaban tortillas de carnaval o los huevos para repartirlos. Pero fue desde que Franco muere cuando empezaron las movilizaciones con los pioneros.

¿Quiénes fueron los pioneros?

Manuel García Sánchez, Rafael Reyes, José Ortega, Antonio Cardona, Luis del Rosario, José Arrocha, Emilio Rodríguez, Juan Álamo, Ginés Betancor, entre otros muchos. Porque había otra gente que colaboraba haciendo otras cosas como bocadillos para repartirlos a la gente que participaba en el Carnaval. El líder, que era Manuel García, logró pedir audiencia al gobernador civil para que le permitiera hacer el carnaval. Pero este se oponía porque todavía estaban las leyes franquistas aunque Franco había muerto, pero ya no hubo marcha atrás. Las reivindicaciones se afianzaron y hablaron con las instituciones para que lo permitieran. Los vecinos le pidieron permiso al alcalde de aquel entonces, Ortiz Wiot, para utilizar el castillo de La Luz como sede. Fue la primera oficina del carnaval y ahí estuvo tres años aproximadamente.



¿Por qué nació esta fiesta en La Isleta?

Porque fueron sus vecinos los que se movilizaron, en los demás barrios no se hizo nada.

¿Cómo recuerda ese primer Carnaval del 76?

Con mucha nostalgia, porque aquel de 1976 fue como muy sencillo. No existía lo fastuoso ni el glamour de hoy. Era la espontaneidad, las mascaritas por las calles... La primera cabalgata salió de esta zona [La Isleta] y llegó hasta el parque Santa Catalina y dio la vuelta y volvió otra vez aquí. Participaron unas 3.000 personas y recuerdo que yo vine con mi mujer, que éramos jovencitos todavía, pero con temor a la policía. Tenía miedo de que nos fuesen a detener por asistir a un acto que estaba prohibido y me pasé toda la tarde mirando para los lados, pero no pasó nada, la policía se mantuvo discreta, pero nada más. Aquello fue una alegría y en el libro pongo una frase que se oyó decir: ¡Lo hemos logrado!

¿Cuándo dejó de estar prohibido oficialmente el Carnaval?

En realidad, después de 1976 dejó de ser perseguido. Y el segundo fue un desmadre porque de 3.000 personas que asistieron la primera vez, pasaron a 200.000. Nadie se imaginaba cómo iba a estar la ciudad toda llena de gente disfrutando del Carnaval que ya se permitía. Aunque el miedo duró unos tres años porque a las murgas les decían que tuviesen cuidado con las letras, no podían cantar contra el régimen. Así que las letras pasaban una censura, por si acaso. Igual pasaba con los partidos políticos y los sindicatos. Amenazaban con prohibir el Carnaval si se veía alguna pancarta.

¿Qué otras cosas de estas cuatro décadas se van a encontrar quienes lean su libro?

Van a saber cómo se reinició el Carnaval. Yo cuento las negociaciones, el camino que ha pasado el carnaval durante todos estos años. Primero fue el Patronato de Carnaval, después la Comisión Mixta, luego se creó la Fundación del Carnaval, que fracasó a los cuatro años. Lo mismo pasó con Fiestas del Carnaval, que duró solo tres y, finalmente, se creó Sociedad de la Promoción que es la actual y la que ha estabilizado el Carnaval.

¿Habrá alguna anécdota que la gente desconozca en general?

Yo cuento la historia de Manolo García con Juan Rodríguez Doreste, que era el alcalde. Para mí fue fundamental cuando se iniciaron las negociaciones entre el Patronato del Carnaval y el Ayuntamiento. Porque pasados siete años, el primero, que lo habían creado los vecinos, ya no tenía fondos. Entonces Manuel habló con el alcalde y los dos negociaron en el Pueblo Canario el paso del Patronato al Ayuntamiento. Rodríguez Doreste le dijo que o lo cogía todo o nada, pero Manolo le dijo que 50%. Al final le llamó le dijo que los dos iban a ser copresidentes. Total que firmaron la fusión con el Ayuntamiento y mucha gente se enfadó porque decían que Manolo había traicionado y lo que no sabían es que no había dinero. A partir de ahí el Ayuntamiento ponía las infraestructuras y dinero y eso salvó el Carnaval. Y poco a poco, el Ayuntamiento se fue haciendo con la fiesta y Manolo quedó fuera, pero vino bien, porque todo ha ido de menos a más.

¿Qué actos se hicieron en el Castillo de La Luz en el 76?

Fue un Carnaval sin papeles, como digo yo, pero se hizo un programa de actos y se dio una rueda de prensa para presentarlos. Pero entonces se dieron cuenta de que se habían olvidado de la elección de la Reina. No tenían ni las candidatas ni nada, pero se organizaron y consiguieron cinco chicas y las madres se pusieron a coser trajes para lograr que en esa misma semana se hiciera el acto, que consistió simplemente en la elección, la gala no fue más.

¿Cómo ha evolucionado la fiesta estos años?

Hay muchas cosas que resaltar. Se fue mejorando en organización, porque al principio era un desastre. Al final, la creación de la macroconcejalía de Promoción que agrupa Turismo, Cultura y Carnaval, hizo que se consolidara la fiesta que, con el paso de los años se ha ido profesionalizando. Los primeros años, hasta el 81- 82, prevalecía la confección de los trajes de Reina por las modistas, pero el Corte Inglés fue quien dio la idea de que lo hicieran los diseñadores. Y a partir de ahí todo empezó a cambiar. Ellos han sido una parte fundamental en la calidad de las fiestas.

¿Cómo ve las carnestolendas ahora?

Yo lo veo bien, aunque siempre prevalecen las galas, la espectacularidad... Todo ha mejorado en calidad, pero todavía faltan cosas por aprender. Ha ido de menos a más, sin duda. El Carnaval se ha promocionado y ya no es de pueblo sino que es un atractivo turístico. Tenemos una fiesta magnífica y la gala Drag supuso una revolución, a efectos de promoción.

¿Echa de menos algo de aquellos primeros carnavales?

Quizá la espontaneidad de la gente, el clásico cachondeo de una mascarita vacilando a una persona. Esto donde prevalece es en la cabalgata que, para mí, es el acto más importante porque entra en contacto la gente con los participantes y es una auténtica fiesta de alegría.

Para usted, ¿quiénes han sido los personajes más relevantes de las fiestas?

El personaje popular que más arraigo tuvo fue Charlot. Con los años han ido desapareciendo, tanto él como otros como Juanito el Pionero, que sentaron cátedra ya que muchos se vestían de mujer en una época que eso no estaba bien visto.

La Provincia - Diario de Las Palmas

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