sábado, 10 de junio de 2017

Una fiesta para despedir al alma carnavalera de María del Carmen Álamo

María del Carmen Álamo fue fundadora de Urracas, la primera murga femenina de Las Palmas de Gran Canaria. Cuando nació, el carnaval ya corría por sus venas y su vida ha sido una gran fiesta. Tras cuatro años de lucha contra el cáncer, sus seres queridos le dieron un "hasta pronto" sin flores, con música y globos hacia el cielo.

Cualquiera que haya conocido a María del Carmen Álamo -Mari para sus seres queridos- sabe que su alma es un eterno carnaval. Nació hace 66 años en Las Palmas de Gran Canaria y ha llevado una trayectoria de regalar amor y abrazos difíciles de olvidar. Fue una de las fundadoras y presidenta de la primera murga femenina de la capital grancanaria, Urracas, pero su amor por esta fiesta lo llevó dentro de toda la vida.

De joven se metió en el mundo murguero y se bajó del escenario en 2004, dejando sobre él el recuerdo inmortal de su pasión incalculable, la misma que llevó a las gradas y pasacalles año tras año, contra viento y marea, con salud o enfermedad. Su "espíritu guerrero", como lo define su familia, la impulsó a luchar cuatro años contra el cáncer que acabó con su vida pero jamás consiguió apagar su sonrisa. Este jueves, los que más la quieren dejaron escapar globos de colores con mensajes en su honor y la despidieron al son de la Banda de Agaete, porque su vida siempre ha sido fiesta y "así tenía que terminar".



"De niña ya le gustaba", explica su hija pequeña, Diana Duchement, pero lo que la impulsó, junto a sus amigas, a crear esa primera murga femenina "fue el pique con sus novios en los Rockefeller's", asegura. Tenía 31 años cuando esta agrupación masculina comenzó y las féminas se conformaban con "disfrazarse como guardias de seguridad de Grupo Cuatro e ir detrás de ellos, hasta que se cansaron y, en el 87, dieron vida a Urracas", añade, mientras destaca que Mari fue la primera presidenta.

Con purpurina en las venas, alegría a rebosar y esa felicidad que siempre la ha caracterizado, disfrutaba de lo que más le gustaba hacer siempre con sus hijas de la mano, Diana en carrito de bebé y Mónica Duchement, ocho años mayor, siempre a su lado. De hecho, siguieron los pasos de su madre, tanto de mascotas en Urracas como murgueras en la siguiente agrupación que Mari y sus amigas pusieron en marcha en el 98.

Walkirias, el nombre de esta segunda murga y que define mejor que ninguna otra palabra a esta mujer coraje. Porque, tal y como los suyos afirman, "es una auténtica guerrera", tanto en estos últimos años contra la enfermedad como a lo largo de su vida, esa que ha gozado siempre en compañía de su gran familia que puede presumir de unidad y amor del de verdad.

En el primer año de Walkirias, un nuevo miembro se sumó no sólo a su vida sino a los escenarios que pisaba, porque la pequeña Aruma Duchement recibió la herencia carnavalera desde que su corazón comenzó a latir dentro de la barriguita de su madre, Diana. Una alegría para todos y la niña de los ojos de su abuela, que vio cómo su sangre de purpurina también recorría el cuerpo de la recién llegada, que no tardó un año en tener un disfraz a su medida.

En 2004, Mari dio un salto a las gradas, donde con globos y pancartas animaba, edición tras edición, a las murgas que seguían o se sumaban. Siempre con una sonrisa, dispuesta a dar un abrazo hasta el alma y palabras capaces de acariciar corazones, porque ella todo lo que hacía era porque el suyo se lo ordenaba. Disfrazada en cada fiesta del Carnaval con su enorme grupo de amigos, su inseparable Pacuco y demás familiares.

Querida más que nadie y queriendo más que ninguno, disfrutó de cada día de su existencia. Mostró sus ganas de vivir "hasta el último momento", vio convertirse a Aruma en una mujer, crecer a su único nieto varón, Abián, y como Tiara, la más pequeñita de sus nietos, cumplía un año de vida.

En el campo, en la playa, en las grandes celebraciones que esta familia organiza para estar todos juntos o en cualquier lugar, siempre con ganas, con ilusión, con fortaleza y un amor infinito por los suyos -también por los que ha elegido-.

"Ella quería globos y música, era una fiestera y tenía que terminar de fiesta", señala Diana después de darle al play a Es mi madre de Agustín Pantoja. Así, entre canciones dedicadas con el alma y globos de colores con mensajes que se multiplicaban casi por minuto, su gente e incontables murgueros le dieron las gracias por demostrar que la vida a su lado siempre será un auténtico carnaval.

La Provincia - Diario de Las PalmasBrenda Saavedra Casiano

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