domingo, 11 de junio de 2017

El murguero que baila en silla de ruedas

"Mi hijo me dice que lo mejor que me ha podido pasar es que me cortaran la pierna". Ironías al margen, es una expresión que refleja que la vida no se acaba cuando te toca afrontarla en una silla de ruedas.

De ello sabe bastante Cristóbal Hernández, exvigilante de seguridad, exoficinista de una empresa de exportación de frutas y, sobre todo, un murguero empedernido al que la vida no siempre ha tratado bien. Con graves afecciones a sus espaldas (infartos, ictus), en 2014, y como consecuencia de varias complicaciones, los médicos se vieron obligados a cortarle parte de su pierna izquierda. Ahí empezó su nueva vida.

Aunque reconoce que pasó momentos "duros", cuestión que confirma su pareja, su fortaleza no solo le hizo salir para adelante, sino que bien podría ser un ejemplo para todas aquellas personas que deben afrontar un trauma como el que él sufrió.

Miembro de la murga los Diabólicos, "la más laureada del Carnaval", de los Triqui Traques (infantil y adulta) y fundador de los Chiripitifláuticos, de la que formó parte hasta que le amputaron la pierna, Cristóbal ha trasladado su alegría y energía carnavaleras a su vida diaria. Y le va bastante bien.



Por una vinculación murguera y por un conocido de la Coordinadora de Personas con Discapacidad Física, desde hace unos meses forma parte de Queremos Movernos, colectivo que defiende los derechos de las personas con algún tipo de discapadidad. Y él no solo lo hace desde el punto de vista crítico, sino que también trata de dar ejemplo de que "hay que seguir" en la medida que se pueda.

"Intento seguir una vida normal y corriente. Es más, a veces estoy más liado que antes", subraya este toscalero de nacimiento.

Y lo dice alguien que con su silla de ruedas eléctrica -averiada el día que se hizo este reportaje- se ha desplazado desde El Sobradillo hasta el centro comercial Alcampo de La Laguna. "Por la carretera", precisa. "Y el año que viene me dan una más potente", amenaza, entre risas. A la que usa en la actualidad ya le han cambiado dos veces la ruedas.

"Es que yo siempre he estado en la calle. Hay gente que se encierra, pero no se puede decir que se acabó la vida. Aunque con dificultades, estamos vivos", enfatiza. Y lo repite en varias ocasiones. Para que quede claro.

Como ejemplo de que para él casi es una filosofía de vida, con su llegada a Queremos Movernos ha activado un grupo de baile de personas en silla de ruedas. "Tenemos un coreógrafo y ensayamos una vez a la semana en el Intercambiador de Titsa", afirma.

La idea es que ese grupo del que forma parte pueda actuar durante la próxima edición de los carnavales. Y es que aunque reconoce con cierta tristeza que ahora solo los ve "por la tele", su pasión por estas fiestas -está relacionado con ellas desde los catorce años- es tan grande que desvincularse del todo le resulta casi imposible.

"El carnaval es su vida", tercia su pareja cuando se toca el tema. Y él concluye: "Muchas lágrimas solté", cuando se vio obligado a dar un paso a un lado. Hoy las ha cambiado por sonrisas.

O. G.

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