miércoles, 21 de junio de 2017

“Cuando me encargaron el cartel del Carnaval empecé a quitar tetas, payasos, antifaces y chicharros”

 Alejandro Tosco de Castro (Santa Cruz, 1975) no se considera heredero de nadie. Ni tampoco escultor, a pesar de sus esculturas en el Museo de Bellas Artes de la capital tinerfeña,acompañadas de su obra pictórica Deconstrucción Atlántica. Fernando Castro Borrego, que es el gurú crítico del arte canario, dice de la obra de Alejandro que es abstracta, pero con fuertes reminiscencias figurativas, derivadas vamos a decir que del mar; por simplificar. Ha expuesto en Japón, en Miami, pronto en Hong Kong y también en La Habana, donde será difícil vender sus cuadros. Ni hay un dólar, ni falta que les hace a los cubanos colgar colores hermosos en las paredes de sus destartaladas casas. Alejandro es el autor polémico del penúltimo cartel del Carnaval -el último fue la tomadura de pelo al pueblo chicharrero de Pepe Dámaso-; el de Tosco es una explosión de color, valga el pedazo de tópico. Lo tituló Coral de Carnaval. Cuando me atrevo a decirle que un pintor debe tener una época figurativa para que le crean, como Picasso, me dice, riéndose: “La base del dibujo es fundamental. Yo pinté mi autorretrato, o mejor, lo dibujé, porque no me atreví a darle color. El dibujo figurativo me gusta mucho”. Ahora ha hecho maravillas: collages con mangos de pinceles que parecen peces de un solo ojo y espinas de pescados que son peces tan vivos como los que nadan en el mar. No deben perderse ustedes la muestra de Alejandro Tosco. Entrando en Santa Cruz, por la carretera del mar, hay una escultura de Alejandro, un pez escorpión, donada a la ciudad por la Mutua Tinerfeña.

¿Cuál es su referente? 
“En las Islas, Néstor”.

Pues lo tiene usted en el Casino de los Caballeros, entidad a la que por cierto asesora.
“El salón del Real Casino de Tenerife, que usted llama de los Caballeros, es la Capilla Sixtina de la pintura canaria, como dijo el profesor Fernando Castro Borrego. Porque también está Aguiar en las paredes; y César”.



¿Es verdad que, de joven, copiaba a Van Gogh?
“Rigurosamente cierto, al mismo tiempo que estudiaba Náutica. Pero mi vocación, más fuerte que el mar, incluso, era la pintura”.

Yo creo que su pintura es muy decorativa, quizá por eso gusta y quizá por eso en el Mencey cuelga con carácter permanente una obra suya.
“Puede ser; sí, yo tuve una época de gran venta, cuando la bonanza. Luego llegó la crisis, se cargó la clase media y me empezaron a fallar los arquitectos y los decoradores, que anteriormente pudieron ayudarme”.

Usted es manriqueño, a mi modo de ver, no del poeta sino de César. 
“Todos tenemos algo de César, pero el primer artista preocupado por el paisaje fue Néstor, que intentó también preservar Canarias de las agresiones al medio ambiente; luego César empuñó aquel timón”.

La crítica le trata bien, no se queje.
“No, no me quejo. El catedrá- tico de A rte Fernando Castro dice que soy uno de los últimos eslabones de la vieja escuela. Quizá lo diga en el sentido de los materiales con los que trabajo y de mi diálogo perpetuo con el paisaje y la naturaleza. Pero a los pintores canarios lo que nos influye es el volcán, el viento, el mar, los barrancos. Aguiar, Millares, Óscar Domínguez, ninguno de ellos se libra de la influencia del entorno”.

¿Cuántas obras de Picasso están pintadas por Óscar? Dicen que bastantes, hasta que Picasso se mosqueó y le dijo: "Ya está bien, joven canario". 
“No lo sé, pero si sé que Óscar Domínguez pasó épocas difíciles en París y que su amigo Pablo Picasso lo ayudó”.

Yo creo que Dalí se vendía muy bien, a Miró lo vendían muy bien y a Picasso no le hacía falta. ¿Lo comparte?
“Sí. Picasso es el genio, fue el que rompió la antigua concepción de la pintura. Y fue generoso con sus amigos. Y es verdad que Dalí, que es otro genio del surrealismo, fue el mejor comerciante de todos los tiempos. Y aquí sabemos mucho de surrealismo, antes que nadie en España, desde 1935”.

Usted fue pionero en vender su obra por Internet. 
“No lo sé, mi página web está traducida al árabe, al ruso, al chino y al inglés. Si te esfuerzas, si inventas, llegas mejor a la gente”.

¿Y eso de vivir en Canarias no es un coñazo? Lo digo por la avidez de las aduanas. 
“Es una pena, porque podría ser un lujo vivir aquí. Pero, claro, a la ida y a la vuelta de las exposiciones tenemos una aduana española, otra aduana canaria y todo ese entramado que lo que quiere es sacarte las perras. Y entonces vivir en las Islas se convierte en una desventaja. ¿Por qué tienes que pagar tantas veces por lo mismo?”.

¿Está protegido el arte aquí?
“No; si no consigues financiación privada para exposiciones y catálogos, estás perdido. Aun así, doy gracias al Gobierno de Canarias por una pequeña ayuda concedida, que necesito. Pero no basta para organizar una exposición individual fuera de las Islas”.

Usted diseña logos y hasta botellas de vino. 
“Y vasos. Hay que vivir. Tengo una Medalla de Oro del Gobierno de Canarias al mejor diseño e imagen. No me puedo quejar”.

¿Es verdad que han replicado en chocolate una escultura suya? 
“Sí, Teo, el repostero de El Aderno, reprodujo en chocolate un pez, que se comieron los que asistieron a la inauguración de mi exposición en el Museo de Bellas Artes. Eran 20 kilos de chocolate. Estaba riquísimo; le he reservado a usted un cachito”.

Eso de que deconstruir es construir desde la deconstrucción no lo entiendo; me suena a la reducción de Pedro Ximénez de los cocineros progres.Y perdone la broma. 
“Bueno, a lo mejor si le digo que mi última obra pretende reinterpretar e intentar reciclar tanto el pensamiento como la actitud humana, le aclare algo. Es decir, concienciación y recuperación”.

Pues no sé. ¿Cuánto vale trasladar sus cuadros a Japón, por ejemplo, para una muestra? 
“Pues alrededor de 10.000 euros. Yo todo lo que gano lo reinvierto en mi obra”.

¿Si volviera a nacer sería pintor o marino?
 “Pintor. A mí la pintura me hace feliz. Esto lo lleva uno en la sangre. Además, me encanta que haya obra mía en varios continentes”.

¿Qué tal le va en el Museo de Bellas Artes? 
“Bien, estoy contento con la aceptación y con las ventas; expongo 47 obras, 11 esculturas y 36 óleos. Hay años que trabajo muchísimo y creo que en HongKong van a aceptar muy bien mi pintura. Me ilusiona mucho esta exposición”.

¿Cuál es su sentido de la vida? 
“Vive y deja vivir”.

AkunaMatata, entonces. 
“Algo así. No descanso ni siquiera los fines de semana, que es cuando no suena el teléfono. Un artista es una empresa, que hasta carga sus propios cuadros, a no ser que seas un consagrado y logres que te rodee un staff. En mi caso tengo que hacerlo yo solito”.

¿Han logrado superar las envidias los artistas?
“No, este mundo es terrible. Los de Gaceta de Artese peleaban, pero se juntaban otra vez como si no hubiera pasado nada. Hoy, los artistas ni siquiera asisten a las exposiciones de los colegas. Bueno, yo intento ir cuando me invitan. Antes había más nobleza. Yo creo que la unión hace la fuerza”.

¿Qué le debe usted a Néstor, que lo sublima tanto? 
“Lo primero, que nos enseñara a amar. Quien ve una obra de Néstor se da cuenta enseguida de su amor por la Naturaleza, por los detalles, por el ser humano. Organizamos una muestra de Néstor en el Real Casino, en colaboración con su museo de Las Palmas. Editamos un bonito catálogo. Su hermano diseñó el edificio del Real Casino de Tenerife; incluso, publicamos, en este catálogo, una carta del pintor, inédita, desde París, en la que se congratulaba de que Alicia Navarro, que fue Miss Casino, resultara elegida Miss Europa en Torquay, Reino Unido. Fue curioso”.

Art-decó puro ese edificio del Real Casino. ¿No? 
“Sí, modernismo del bueno, arte decorativo de vanguardia”.

El mar parece su inspiración. 
“Lo es; veo un pulpo y me dan ganas de pintar enseguida mi versión, interpretar lo que nos aporta la naturaleza”.

¿Conoce a algún coleccionista de su obra? Porque Dokoupil tiene un suizo que se lo compra todo.
“Dokoupil es un artista extraordinario. Sí, hay coleccionistas que poseen 10 o 12 obras mías y siguen comprando. El arte te llena el alma, como un buen libro; y, en el caso de la pintura, dura más a la vista si la tienes en un buen sitio, si la contemplas diariamente”. -

Su pez escorpión, alzado a la entrada de la ciudad, rompe la tradición del chicharro tradicional, repetitivo y machacón.
“Con todos los respetos, más chicharros, no; me parecen muchos ya. No es que los desprecie, porque el chicharro es un símbolo. También pinté una de las orcas de la exposición itinerante del Loro Parque, pero vamos a cambiar ya de peces. Además, soy escorpión de horóscopo, me vino bien esa escultura”.

Su cartel del Carnaval de hace dos o tres años fue rompedor.Y recibió muchas críticas, menos la mía.Y le agradezco la litografía, firmada, que me regaló.
“Antes me lo había encargado Zerolo, en el 2007. Pero se rompió el pacto y me dejaron fuera. Luego me lo volvió a encargar Bermúdez en el 2014. Era, ni más ni menos, que una explosión de color. Lo advertí, iba a romper. Y empecé a quitar del cartel payasos, antifaces, chicharros y tetas. Compuse un Coral de Carnaval y con Celestino Hernández, director del Museo Eduardo Westerdahl del Puerto de la Cruz, dirigimos la edición de un libro, que quedó muy bien, con todos los carteles, desde aquellas Fiestas de Invierno. En él se puede ver la aportación magnífica de cada autor”.

Un libro que me prometió la concejala Gladys de León y que nunca me envió. 
“Yo se lo regalo; vamos a mi estudio y se lo entrego. Tardó dos años la edición y, al final, salió publicado gracias a la Mutua Tinerfeña, nuestra aseguradora, que hace mucho por el arte”.

Aunque la entrevista tiene lugar en el Mencey, hemos quedado con Andrés Gutiérrez en el Museo de Bellas Artes para las fotos. Como siempre, el reportero hace lo que le da la gana; y hace bien. Toma docenas de fotos. Le cuento a Alejandro -él no lo pudo conocer- que el reportero gráfico Rafael Ramos, Ramitos, la mayoría de las veces que trabajaba no tenía carrete en la máquina de hacer fotos, porque tampoco tenía dinero para comprarlo. Aquellas sí que eran penurias, amigo; lo de hoy es calderilla. Vamos a su estudio (lo espero en el coche, porque tengo prisa) y me regala el libro. Yo pagué las copas.  

Diario de AvisosAndrés Chaves

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