lunes, 29 de mayo de 2017

Arte a prueba de sátira murguera

Es habitual escuchar entre las letras de las murgas una crítica al cartel promocional del Carnaval de ese año, una polémica a veces merecida y otras más recurrente que otra cosa. Sin embargo hay un nombre propio de las fiestas que se libró de la sátira: Juan Galarza. El pintor fue el responsable de ocho obras y recientemente ha donado la primera de ellas, de 1962, a la Casa del Carnaval que el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife confía en inaugurar en breve.

"Los carteles del Carnaval no tienen porque gustarle a todo el mundo, pero yo tuve suerte porque otros han tenido críticas despiadadas". Así rememora el pintor Juan Galarza su papel en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, cuando en 1962 se convirtió en el creador del primer cartel de las fiestas. Fue a petición de una comisión que trabajaba para organizar las Fiestas de Invierno, que le encargó no solo realizar ese primer cartel sino también un tríptico a un solo color el año anterior. "De este último solo se imprimieron 1.000 ejemplares", recuerda.

El pintor comenzó entonces una larga trayectoria vinculada al Carnaval chicharrero y ha sido el autor de ocho carteles, el último anunció la fiesta en 2008. "Al principio yo sobre todo utilizaba alegorías presumiendo del buen clima que teníamos en la Isla", afirma. Pero en ellos siempre estuvieron presentes sus figuras características como los arlequines o payasos.



Bajo su punto de vista, entre los carteles de los últimos años "hay más malos que buenos" y opina que "tienen que tener un simbolismo y si se trata de carnavales esto es lo que debe mostrar".

A pesar de que el papel de este pintor en el Carnaval de Santa Cruz de Tenerife ha sido muy significativo, Galarza es un artista multifacético que se ha atrevido con varias disciplinas. Toda una vida dedicada al arte cuyos resultados pueden verse en las paredes y rincones de su casa, convertida en un improvisado museo, que muestra tanto obras suyas como de sus compañeros y alumnos.

El artista nación en el Puerto de Santa María de Cádiz el 12 de mayo de 1932. Cuando apenas contaba con cuatro o cinco años de vida, su familia se traslada a Santa Cruz de Tenerife, primero a la calle Numancia y después a Salamanca, hasta que se casó y se trasladó al barrio del Toscal.

Sus primeros pasos en el arte los dio en el sector de la publicidad, creando anuncios y etiquetas para vinos. "Aprendí como todos los autodidactas, buscando, copiando y leyendo", explica. Estudió peritaje mercantil para no defraudar a su padre, que veía en esta profesión "un mejor porvenir para mi", aunque él ya sabía que lo que me gustaba era la pintura.

Tras pasar por la fábrica de anuncios luminosos Iris Neón como diseñador y por Litografías Romero "un compañero me animó a ir a la Escuela de Bellas Artes". Y así lo hizo, aunque tuvo que pedir una beca "porque en aquel momento ya tenía hijos que mantener".

Asegura que estuvo a punto de dejarlo en varias ocasiones porque "son unos estudios a los que hay que dedicarles tiempo". Después de mucho esfuerzo logró terminar la carrera y comenzó a trabajar como profesor de dibujo en el Colegio San José de Calazán.

El artista destaca por su trabajo como acuarelista donde pinta sobre todo paisajes. Fundó la Escuela de Acuarela en el Viera y Clavijo y después ha dado clase en el estudio de su casa en La Laguna a multitud de alumnos.

También es un referente en el mundo de la caricatura. "Hacía caricaturas de mis profesores y compañeros y poco a poco comencé a entusiasmarme", cuenta. Por eso, cuando la Agrupación Vanguardista Canaria de Caricaturistas Personales convocó un concurso, decidió presentarse con una de su profesor de la Escuela de Comercio, Arístides Ferrer, con la que consiguió ganar el certamen.

"En aquel momento el movimiento de caricatura de vanguardia que tuvo mucha fuerza", explica y recuerda a grandes artistas como Harry Beuster o Paco Martínez. Galarza colaboraba desde los años 60 con varios periódicos e incluso colaboró con la opinión de tenerife, donde estuvo publicando sus trabajos durante un tiempo.

Además, se declara enamorado de la música, en especial de la folclórica. "A veces le digo a mi mujer que me gusta más que la pintura", bromea.

La Opinión de TenerifeDalia Guerra

No hay comentarios:

Publicar un comentario