martes, 18 de abril de 2017

Juan Carlos Aragón: “Al poder lo que más daño le hace es que se rían de él”

El autor gaditano Juan Carlos Aragón es toda una institución de los Carnavales que se celebran en la Tacita de Plata. “Soy un cantautor frustrado y tengo un punto de flamenco reprimido”, admite el intérprete que profesa devoción por el cantautor cubano Silvio Rodríguez desde que lo conoció hace 30 años. En el concierto que ofrecerá en Lanzarote cerrando la gira en la que ha compartido escenario con la chirigota de ‘El Canijo de Carmona’ y los Hermanos Barba, Aragón ofrecerá un repertorio combinado de canciones personales y universales compuestas para comparsas célebres como ‘Los condenados’, ‘La Banda del Capitán Veneno’, ‘Los ángeles caídos’, ‘Los millonarios’,’ Los parias’ o ‘Los peregrinos’, entre otras. El Teatro Municipal de Tías acogerá la actuación el día 23 de abril, a las 20.00 horas.

“Los gaditanos tenemos varios venenos dentro que son, por encima de todo, el Carnaval, la Semana Santa, el mar y el fútbol. Mis letras hablan de todo y se desarrollan alrededor de las cuatro grandes constantes poético-literarias que son el canto a la tierra, el canto a las cosas del mundo, el canto al amor y el canto a la gente”, señala.

Artistas como Alejandro Sanz o Manuel Carrasco han cantado a su manera temas de este profesor de Filosofía, escritor, articulista y compositor, que está considerado hoy por hoy el autor más mediático de Cádiz, capaz de levantar pasiones como nadie, bien a favor, bien en contra: todo menos la indiferencia. Además ha publicado un libro de poemas y dos de ensayo sobre el Carnaval y sus alrededores.

De 50 años, Juan Carlos Aragón asegura que “el éxito de una buena composición en una comparsa se fundamenta en la música y la melodía, que es lo que te entra por el oído. La comparsa emociona y la chirigota hace reír al público, bien a través de la lírica y la expresión de los sentimientos íntimos, o bien a través de la épica tratando temas de actualidad. Si la música te taladra el oído y la mente, la letra entra más fácilmente y a partir de ahí hablamos. Si la música no entra ya puedes escribir la Biblia en pasta que…”, explica el autor.


“El carnaval de la calle es la pasión de mi vida. Con 15 años tuve un dilema cuando mi padre me dio a escoger entre militar en la sección juvenil del Cádiz CF o en una comparsa. No sé si hice bien o no, pero elegí la comparsa”, admite el exitoso compositor gaditano que se compara con Raimundo Amador cuando confiesa que todo lo que le seduce es “inmoral, ilegal o engorda”.

“Nuestro carnaval desarrolla una impronta y un ingenio, un humor inteligente, trascendente y con contenido material fuera de reglamentos absurdos y estereotipos, que es lo que representa genuinamente a esta fiesta popular de la que presumen los gaditanos. La gracia de Cádiz está en las chirigotas de la calle que denuncian sin escrúpulos y son mucho más ricas que las que se ven por la tele”, agrega.

Se declara carnavalero canalla militante y admite que al poder lo que más daño le hace es que se rían de él. “Cuando la clase dirigente nos ve cabreados ni se inmuta porque los políticos lo admiten como parte de la cuota que nos consienten, pero cuando nos reímos de ellos sin pedirles la venia utilizando la poderosa herramienta del humor y la sátira, se incomodan y se sienten descolocados con esa catarsis colectiva que pone en duda su autoridad moral”, sostiene. “Les molesta porque el humor nos permite a los asalariados crear entre nosotros un clima comunicacional favorable, que nos ayuda a persuadir, a transmitir mensajes y, eso, solo parece que lo pudieran hacer ellos desde la tribuna del Congreso”, añade.

Juan Carlos Aragón no cree que en Carnaval todo valga. La polémica surgida a raíz de la actuación de Sethlas en la gala Drag Queen de la capital grancanaria, cree que se podía haber evitado. “Soy transgresor por naturaleza porque soy una mezcla de payaso y gamberro. Siempre he defendido que si el carnaval no es transgresor no es carnaval, pero hay que traspasar los límites de la moral, las normas, la tradición o los valores, siempre teniendo presente no ofender por el mero gusto de ofender, no a las instituciones, sino a la gente. Si formulas una parodia de un aspecto religioso en la que se ridiculiza a la gran institución de la Santa Madre Iglesia, eso en sí no es problema, el problema es cuando lo haces con una evidente animosidad de violentar el credo y el sentimiento religioso de la gente que puedes compartir o no, pero que tienes que respetar. Eso es otra cosa”, admite el autor.

Se declara enamorado de la ingente obra musical del cubano Silvio Rodríguez, “el cantante más grande en lengua española de todos los tiempos, cuyo correlato en lengua inglesa sería Bob Dylan -que también me tiene encandilado-, aunque sus letras no las entiendo porque no sé inglés. Su música me embriaga y con ello tengo bastante”, se consuela.

Tampoco oculta su filiación flamenca de condición y vocación, “aunque los flamencos lamentamos mucho el rumbo que ha tomado este arte universal que ha perdido sus raíces puras. No me interesan las prostituciones mercantiles en las que ha derivado el flamenco de hoy. El rendimiento económico mediatiza la carrera de muchos artistas y el flamenco se está desvirtuando hasta tal punto que los propios flamencos lo que practican lo hacen para vender”, concluye lamentándose Aragón.

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