miércoles, 18 de febrero de 2015

Un huevito para las mascaritas

Maspalomas revivió anoche en el centro cultural aquellos martes de carnaval de la segunda mitad del siglo pasado, en la que los chiquillos del barrio, ataviados con "sábanas, sacos de papas y caretas de cartón", pedían de puerta en puerta "un huevito para las mascaritas", se embadurnaban de la harina y el gofio que caían de las piñatas y degustaban bollitos de anís y arroz con leche de las abuelas. La vecina Inmaculada Ojeda llevó preparadas desde su casa de El Salobre cerca de 1.000 tortillas de leche a la fiesta, en homenaje a aquellos jolgorios que "se organizaban en la Sociedad de El Tablero", en los que las mascaritas aprovechaban la ocasión para pegarle "la quintada" al resto del barrio. Lejos del carnaval de promoción turística que esta semana arranca en el centro comercial Yumbo de Playa del Inglés, el centro urbano de San Fernando de Maspalomas acogió anoche un regimiento de mascaritas dispuestas a bailar a ritmo de los tocadores de cuerda del municipio y disfrutar "sin grandes espectáculos de escenario" del día grande de las antiguas fiestas de invierno. En aquellos martes de carnaval no se necesitaban disfraces elaborados ni ostentosos, bastaba con alpargatas, delantales y camisones de "las madres" para salir a la calle y "gastar alguna que otra broma" a los vecinos bajo una careta hecha "de cartón o papel, según el material que cada uno encontrara en su casa", recuerda Inmaculada Ojeda, más conocida como Tata en el barrio de El Salobre. La fiesta consistía llanamente en recorrer las calles con carretas y parrandas, unirse a las reuniones de los patios de las casas particulares o pedir "un huevito para las mascaritas" por el vecindario. "Eran tiempos en los que la gente se divertía de forma sana en los pueblos", a pesar de los escasos recursos de los que disponían las familias de San Bartolomé de Tirajana; señala Tata algo aliviada tras haber frito con un toque de canela, matalahúva y anís del Mono, "el de siempre", cerca de 40 kilos de tortillas de harina y leche en los fogones de la panadería que regenta. "Yo disfruto cocinando para este día", asegura, y por eso ya suma 14 carnestolendas batiendo alegría en "paelleras improvisadas".



El refrigerio de arroz con leche, chocolate caliente y "algún pizquito" de ron colmó el espíritu de las mascaritas lo suficiente para dejarse llevar por los acordes de la parranda de la Escuela Municipal de Música, la de Anastasio Moreno y Las Dunas del Sur. En el repertorio de esta última no faltaron Querida Lola y El paseíto de Don Tomás, "canciones tradicionales" que sonaban en las antiguas cabalgatas.

La ruptura de la piñata, rellena de pitos, gofio y harina, espolvoreó de alegría el patio del centro cultural. "Recuerdo cuando de niño le dábamos golpes con un palo y recogíamos de prisa las golosinas, si las había. Lo divertido de este día era corretear con los amigos de la escuela por las calles y hacer alguna travesura, que como íbamos disfrazados, pensábamos que no nos iban a reconocer", confiesa el vecino José Esteban bajo una pamela blanca y una larga melena pelirroja. "Lo que más me gusta de esta época es el buen humor de la gentel. Ojalá estuviéramos con esta actitud positiva los 365 días del año", añadió la mascarita.

La ProvinciaTaidi Llamas

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