viernes, 23 de enero de 2015

Muletas que son sonrisas

Luis Maya, en el local de Los Mamelucos. A Luis Maya le acompañan de manera inseparable sus dos muletas, su sonrisa de mameluco y su apodo, el Medusa, que acepta de buen grado y pasea con alegría por los Carnavales de Santa Cruz. Con éste ya son 35 años los que lleva de murguero. "Me inicié en los Chichiriviches y, cuando desaparecieron, me vine aquí", relata en una sala de la Casa del Miedo, la sede y local de su grupo.

"Estas fiestas son parte de mi vida y lo mejor es que la salud se ha portado bien conmigo para estar tantos años saliendo sin perderme ni uno", señala. Feliz y orgulloso de su murga, el Medusa es uno de los carnavaleros más célebres de los cientos que salen cada enero o febrero al concurso de adultas. Y así se lo reconoció la Federación de Murgas hace ahora dos años, cuando le distinguió con un premio "como el más emblemático" de todos.

Es raro quien no haya oído hablar de este mameluco, de su presencia en la fila –cerca siempre del director, Xerach Casanova– y de su pasión a la hora de interpretar los temas. Lo que sabe menos gente es que sus limitaciones son congénitas y que su ejemplo de superación es un espejo para los demás. "Se llama artrogriposis y es una enfermedad que me debilitó las caderas. Mi feto, con cinco meses, recibió rayos. En aquella época no sabían que las radiaciones podían tener estas consecuencias. Pero no soy victimista, todo lo contrario. Es lo que me ha tocado vivir", afirma.



Su vitalidad y optimismo abruman. Nada puede con él. Ni las largas horas de ensayos, ni el esfuerzo para ajustar la voz o aprenderse los temas, tampoco la decepción de algunos injustos fallos del jurado. Y cuando lo necesita, pide ayuda. "Pero casi ni´ hace falta. Ahí están los compañeros cuando hay un par de escalones que subir o un disfraz difícil que ponerse".

El Medusa es murguero de pura cepa. Y también un tipo que está para lo que se le pida. "Si puedo ayudar, ¿qué mejor? Más de una vez he ido a visitar a niños que sufren una discapacidad y sus familias me han puesto como ejemplo", dice. "Pero a mí no me gusta dar la sensación de que hago las cosas para que las vean los demás, porque tampoco es así", añade.

Sonriente, señala que el Carnaval es también integración. "Antes yo era el primero y el único discapacitado. Ahora está también el aguaviva de los Diablos que, por cierto, vinieron sus compañeros al local para pedirme el permiso para usar el mote. Me hice el duro pero acepté", bromea. La memoria del Medusa encierra recuerdos extraordinarios para una persona que no entiende de límites. Ni de fronteras. "He viajado yo solo a Cuba, a Nueva York€ y por supuesto con la murga a un montón de sitios donde hemos vivido momentos gloriosos".

Sea como fuere, si ha de quedarse con lo mejor, responde sin dudarlo. "Me quedo con los ensayos. Me fascina la magia de montar un tema poquito a poquito, entre risas y fiesta, pero también con trabajo. Hace falta un esfuerzo enorme. Una labor de meses se plasma luego en diez minutos de canción. Es maravilloso". Su largo recorrido en el concurso más esperado de los Carnavales chicharreros le permite analizar con precisión la trayectoria del certamen. "Le digo a los más jóvenes que esto es cuestión de ciclos. Viví los duelos Chinchosos-Singuangos, luego la época de los Triquis, el reinado de Bambones y también nosotros celebramos dos dobletes".
La Opinión de Tenerife
Manoj Daswany

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