viernes, 23 de enero de 2015

Los niños plantan cara al futuro

Concurso de Murgas Infantiles de Santa Cruz, Primera faseUna voz del futuro dio paso al arranque de la cantera. Con ritmo electrónico empezó anoche el concurso de murgas infantiles ante el escaso público que lamentablemente ya es habitual en el certamen. De las siete formaciones que actuaron ayer en el Recinto Ferial sobresalió, sin desmerecer el trabajo de las demás, la murga los Bambas. Fueron los más equilibrados, con igual fuerza, simpatía y contenido en ambas letras. No obstante, la mejor canción escuchada ayer es obra de Pita Pitos.

Tras siete murgas, queda claro que los niños plantan cara al futuro y apuestan por la innovación.

La primera en subirse al escenario fue la murga Triqui Traquitos, con diseño de Daniel Pages (Guardianes de las profundidades) que celebran esta edición sus 30 carnavales. La exquisita dirección musical de Toño de las Casas se dejó notar desde el primer acorde de la presentación y se mantuvo, con alguna salvedad, durante los 30 minutos de la actuación. Una de crítica y otra de humor, en la que no olvidaron la ironía. En el primer tema se metieron en la papel de unos niños marquesitos que, a pesa de su posición elevada, observan la desigualdad. Primero con aquellos pequeños que viven en medio de conflictos bélicos y que "pierden su vida queriendo jugar" y luego a los más cercanos, sus vecinos. "Yo en el Monasterio para almorzar y ellos una taza de arroz". Al final, se cambian la corona de marqués por una de rey mago para devolver la ilusión a los necesitados.

Con mejor dicción en el segundo tema, la murga dirigida por Emilio López se metió en la universidad aún siendo niños. Con su mirada inocente se asustaron al escuchar el Gaudeamus Igitur, himno de la institución y recorrieron Periodismo, Bellas Artes o Economía, puntualizando sobre cada titulación. Momentos graciosos comparando las leyendas de la Universidad de La Laguna con determinados perfiles de las redes sociales y sobre todo con la interpretación con acento americano del Clavelito. Deben estar satisfechos.



Carricitos ocupó a continuación el escenario, directos desde el año 2023 según relataron en su primera canción y en sintonía con su disfraz de robot. "Estamos programados para decir la verdad", anunciaron antes de quejarse de que en su pasado (el momento actual) "solo los ricos podían estudiar". Se despidieron incluso de Fernando Ballesteros, concejal de Fiestas que ha anunciado su marcha, y "deseando que no venga otro peor". Más críticos en su segundo tema, Carricitos se preguntó el por qué de cosas como por qué se asusta la sociedad con el ébola y no con "otra enfermedad llamada hambre". Cerraron defiendo su ilusión en el Carnaval y recordando que su ayuda desde Gran Canaria surge porque "en Tenerife nadie ayudó". Final emotivo recordando a Miss Peggy, que aún sin fuerza caló en el público.

Cumpliendo 41 años, directos desde El Cardonal, Bambas empezó reivindicando. Su presentación la dedicaron a las medidas de seguridad que el pasado año "fastidió la parodia" de su actuación. Mostraron una vocalización casi perfecta pese a los complicados ritmos y una mejor musicalidad, especialmente al no perder la afinación ni cuando "lloraron" en el primer tema o hablaron en el segundo. Entre llanto y llanto en la primera canción revelaron con simpatía la visión de un bebé, desde "el fiestón cuando doy un patadón" o su nacimiento tardío "por las listas de espera por culpa de los recortes". Tras un retahíla de pillerías que hacer por venganza, llegó el culmen de la canción recordando una lista de motivos por los que nace llora un bebé. Es su idioma, insistieron, antes de descubrir carteles en la tarima contra la violencia o el hambre que al girarse dejaron claro un mensaje: Los niños no lloran por gusto. Genial por inesperado y contundente.

Lo de Bambas es aunar en un mismo tema crítica y humor y así hicieron también en el segundo tema en el que se tornaron en supuestos adivinos que saben que "si tocan el timbre es que alguien vino". Los peores augurios del tarot y bola llegaron con el desastre natural que auguraron si Repsol llega a encontrar petróleo. "Las líneas de la mano no se leen por limpiar mareas negras", dijeron antes de hacer interactuar al público, aprendido de sus mayores Bambones, para ironizar sobre el cartel del Carnaval. "Basura" dijo el respetable, "hermosura", contestó la murga. Terminaron homenajeando a las madres que sí son adivinas de verdad "porque saben cómo llegar a fin de mes".

Los ganadores del año pasado, Pita Pitos mostraron un repertorio visual y comercial, en el que la apuesta por la parodia y el atrezzo se convirtió en su aval, especialmente en el primer tema. Para los conservadores quizá demasiado centrados en la puesta en escena, lo cierto es que el trabajo de los pequeños es incuestionable. Transformados en constructores, revelaron una maravilla en la que denunciaron el mal estado de espacios de la ciudad. "Derribar o mejorar", preguntaron al público antes de fabricar para el jurado un cojín especial en el que "no caben los móviles para que no se sepa quién gana por whatsapp" Cerraron con una pirámide humana "para ver desde lo alto los problemas".

Al llegar al segundo tema se fueron a menos, tanto musicalmente como en la dicción. Con puesta en escena también muy cuidada arremetieron con fuerza precisamente por las fuertes medidas de seguridad que dificultan que las murgas interpreten sus repertorios con todo el esplendor porque "a todo ponen pegas". Reivindicación de las costumbres canarias que no se imparten en el colegio o quejas por ser marionetas de los padres fueron otros temas de su canción.

Al contrario le sucedió a Sofocados. La murga del Compinche, fue de menos a más en su actuación, salvo por la presentación en la que mostraron una fuerza excepcional para criticar las prospecciones petrolíferas. En el primer tema, de corte más que crítico muy serio, realizaron un viaje alrededor del mundo para visitar a los niños en sus sueños. El paro, la explotación infantil o los niños mineros fueron algunas de sus quejas. En el segundo fueron despertando poco a poco al revelarse como diferentes artistas callejeros. Desde un rap a un solo de la batería, la canción tuvo dos momentos álgidos: Primero cuando la murga emuló a Mayumaná en un ritmo de percusión particular y después cuando convertidos en pintores retrataron a Ballesteros "y salió un tornillo".

Ataviados de Científico Loco según diseño de Juan Domínguez, llegaron Lenguas Largas. Mantienen el nivel de ediciones anteriores, aunque con ciertos problemas de dicción en el segundo tema. Mucho mejor su primer tema en el que mostraron al público su particular colección de cromos. Las primeras imágenes presumieron de diferentes espacios de la capital tinerfeña para a continuación lamentarse por uno que se destiñó y que resultó ser el cartel de las fiestas: "Yo no veo Carnaval, no lo pego en al álbum", cantaron. Lo mejor, los cromos repetidos ya que pidieron cambiar "cabalgata mala por más actuaciones en escenarios" o "parques destrozados por nuevos". El último de la colección, un cromo por el paraíso que es Canarias.

Siguiendo el juego que le prestaba su fantasía, la murga se metió en el papel de un científico, al que primero no le salen las fórmulas, porque el resultado "siempre es acabar castigado". Lo mejor, el experimento que Fiestas estropeó al no permitir determinados elementos en parodias, en la mejor crítica a las medidas de seguridad del año pasado escuchadas anoche.

Ante un Recinto casi vacío cerraron la fase Raviscuditos, que tal y como ellos mismos denunciaron tuvieron que recuperar un contenido de hace dos años para cantar de nuevo a los vecinos de Tacoronte Berta y Antonio. Después tocó a hacer ejercicio, pues llevan "seis meses corriendo para llegar el primero, pero al menos lo intento".


La Opinión de TenerifeMaría Plasencia

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