martes, 25 de febrero de 2014

La falta de un nuevo informe retrasa otro día más la apertura de la feria

La feria del Carnaval de la capital chicharrera sigue con el cierre echado. Los feriantes empiezan a perder la paciencia mientras se terminan las últimas revisiones. Solo falta el informe de la empresa del Organismo de Control Acreditativo (OCA), que debe inspeccionar cada uno de los 150 puestos para comprobar que cumplen con las condiciones para abrir. Esta revisión debería haberse efectuado entre la tarde de ayer y la mañana de hoy pero la realidad es que, a pesar de haber quedado con los feriantes a las 15:00 horas, nadie recibió visita alguna. Ante la situación, los propietarios se reunieron en asamblea y acordaron presentarse hoy por la mañana en el Ayuntamiento para hablar con el concejal de Fiestas, Fernando Ballesteros, o con el alcalde, José Manuel Bermúdez.

La feria no recibirá el visto bueno para la apertura hasta esta tarde noche, como muy pronto, y siempre que se realice a lo largo del día la revisión del OCA y sea positiva. El sábado era cuando la feria debería haber abierto pero el viernes el ingeniero alicantino contratado por los feriantes no pudo entregar el informe, que daría paso al OCA, ya que a unos pocos puestos les faltaban documentos y otros artefactos de la normativa como las vallas o las picas de toma de tierra. Como no todas las instalaciones estaban listas, hubo que esperar hasta el día siguiente pero el fin de semana pasó sin apertura. "La feria ha estado abierta tres fines de semana desde hace más de 40 años", dijo ayer un veterano, indignado.

El misterioso OCA, que muchos feriantes ignoraban siquiera el significado de sus siglas, es la empresa que vigila el correcto funcionamiento de la feria y controla la seguridad. El OCA, que debe realizar una inspección ocular y pedir los documentos que crean oportunos, también puede pedir a los feriantes que subsanen algún defecto. Esta revisión es nueva. El año pasado bastaba con el informe del ingeniero técnico pero este año se añade el visto bueno de la OCA. Muchos responsables de los puestos de ocio y restauración, achacan este cambio al accidente producido en la pasada edición del Carnaval chicharrero en el que la candidata Saida Prieto sufrió graves quemaduras en el transcurso de la Gala.

Los feriantes pasaron el soleado día de ayer, esperando por una OCA que nunca llegó, viendo pasar a ciclistas, peatones y empleados del Consistorio que comprobaban el alumbrado con grúas y verificaban que los puestos y atracciones no utilizan corriente eléctrica pública. Algunos aprovecharon para limpiar más a fondo sus atracciones, otros pasaron una capa de pintura nueva y otros vieron cómo su tiempo pasaba mientras que sus bolsillos se vaciaban aún más.

150 familias

Estos contratiempos están provocando graves daño a la economía de las más de 150 familias, entre propietarios y empleados, que componen la feria. Los gastos de estos empresarios son demasiados como para perder días. Tienen que alquilar el uso del suelo, que cuesta más de 2.000 euros, dependiendo de la superficie solicitada; deber adquirir un motor o alquilar un punto de electricidad del Ayuntamiento; el traslado, ya que algunos vienen de distintos lugares de la Isla y hasta de la Península; el gasto de las mercancías y los materiales; están obligados a rodear con vallas por detrás las instalaciones y entre puesto y puesto de la avenida para evitar accidentes (una de las propietarias se gastó 65 euros en el alquiler de dos vallas); tienen que pagar a los empleados que contratan; el gasto de la documentación que se requiere, como la del informe del ingeniero; y ni siquiera tienen la posibilidad de tener agua corriente. Muchos están con lo puesto.

A todo esto se le une la mala fama que está adquiriendo la feria con las noticias de que no se abre por falta de seguridad. "Es que la gente se está pensando que es peligroso venir y no es así", se queja una de las propietarias de un puesto. Otro de los feriantes comentó que "escuché en la cafetería a una niña que decía que no quería ir a la feria por miedo". "La seguridad está bien, pero que se hagan las pruebas con antelación", aconseja una propietaria de un puesto de comida. Estos problemas los acabará pagando el consumidor en el precio de su perrito caliente o su ficha. Una de las mujeres, que esperaba bajo el sol, sentenció: "Parece que no entienden que vivimos de esto".

La Opinión de TenerifeVerónica Galán

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