martes, 29 de octubre de 2013

La tienda que vendió la pirotecnia a Willy Jorge le advirtió del peligro

El responsable de Fireworks, la tienda en la que el diseñador Willy Jorge compró la pirotecnia que provocó graves quemaduras a la candidata a Reina del Carnaval Saida Prieto, declaró ayer en el Juzgado de Instrucción número 1 de Santa Cruz que advirtió a Willy Jorge de que era "muy peligroso usar fuegos fríos" en una fantasía del Carnaval. El Juzgado retomó la toma de declaraciones por el caso Saida, después de que en junio se citasen a la propia candidata y a los dos imputados, Francisco Trujillo, exgerente de Fiestas, y Willy Jorge, aunque este último no declaró al alegar que sufría una depresión.
El encargado de Fireworks, negocio situado en Llano del Moro (municipio de El Rosario), salió cabizbajo del Juzgado, al que acudió en calidad de testigo por el caso Saida, y se mostró muy esquivo con los medios de comunicación. Aún así, sí dijo que había avisado al diseñador y a la persona a la que este mandó a comprar la pirotecnia de la peligrosidad de lo que se estaba adquiriendo. Asimismo, dejó claro que lo que se vende en su tienda son fuegos fríos, aunque en algunos informes policiales se plantee que se pudo utilizar otro tipo de elemento pirotécnico. Por lo tanto, y según Fireworks, lo que se le vendió a Willy fueron fuegos fríos, cuyo uso estaba permitido en las bases del certamen, y no otra cosa. En concreto, el diseñador compró tres de estos artefactos pirotécnicos, a ocho euros cada uno.
El responsable de este negocio aclaró ante la juez Nuria Navarro que le vendió al diseñador los fuegos fríos después de que este asegurara que tenía el permiso correspondiente del Organismo Autónomo de Fiestas del Ayuntamiento para poder usarlos en la Gala. Y es que, efectivamente, en las bases del certamen, que se han modificado a raíz de la tragedia del pasado 6 de febrero, se permitía el "uso de fuegos artificiales, fuegos fríos o cualquier otro elemento siempre que no se ponga en peligro la seguridad de la candidata y del público, previa comunicación y aprobación del disparo por el Organismo, con una semana de antelación".
El abogado de Saida Prieto, Juan José Rodríguez, contó ayer a la salida del Juzgado que el responsable de Fireworks se "mantuvo firme" en su declaración asegurando que él comunicó, tanto a Willy Jorge como a la persona a la que este mandó a comprar la pirotecnia, que era un "disparate" y una "locura" utilizar "fuegos fríos en interiores y menos en una Gala del Carnaval". "El encargado del negocio ha insistido en que solo se le entregaron los fuegos fríos cuando Willy Jorge aseguró que tenía la autorización de Fiestas del Ayuntamiento, porque efectivamente la tenía, aunque no en papel sino a través de una llamada telefónica de una empleada del Organismo Autónomo. De esta manera, Firework se salva de cualquier responsabilidad", indicó el abogado Saida Prieto.
Por lo tanto, el letrado Juan José Rodríguez sentenció que no se puede hablar de premeditación pero sí de "dolo", porque el diseñador "era consciente de que aquello era fuego y de que era peligroso usarlo en una fantasía del Carnaval". También es cierto, indicó el abogado de la candidata Saida Prieto, que el primer "error" o "disparate" lo cometió el propio Ayuntamiento de la capital, en concreto, el Organismo Autónomo de Fiestas, al modificar las bases de los concursos en 2011 para permitir el uso de fuegos fríos. Y es que hasta los propios hermanos Toste, encargados del control de todos los fuegos que se utilizan en el Carnaval de Santa Cruz, han manifestado en varias ocasiones que el Consistorio nunca debió permitir el uso de pirotecnia durante los desfiles de candidatas.


Eloísa Reverón

Caso Saida: pudo ser peor

La magistrada que instruye el caso Saida retomó ayer la toma de declaraciones después del paréntesis estival, cuando ya habían aportado su versión tanto la principal afectada por la explosión de uno de los dos fuegos artificiales que prendió su traje en la gala de elección de la reina del pasado Carnaval, Saida Prieto, como sus diseñadores. Antes de julio declararon un colaborador de otro autor de traje de reina, un bombero y un técnico de sonido que le salvó la vida a Saida y hasta el que fuera director gerente del Organismo Autónomo de Fiestas, en calidad de imputado. Quedó pendiente la versión de Willy Jorge, el diseñador que incorporó las dos fuentes a su traje, "1797", de baja por depresión desde entonces.

Ayer, la jueza ahondó en las circunstancias que rodearon la compra de los fuegos fríos. Hasta el Palacio de Justicia de la capital tinerfeña se desplazaron José Manuel Trujillo, amigo de Willy Jorge, quien actuó de recadero del diseñador para ir a comprar las fuentes que se incorporaron más tarde al traje a la empresa Fireworks Tenerife, en cuyo montaje no participó. También se recogió ayer el testimonio al vendedor, José Agustín Rodríguez Hernández.

De la jornada testifical de ayer se puede concluir que lo que ocurrió en la última gala de la reina del Carnaval pudo haber sido mucho peor, más allá de las graves heridas de segundo y tercer grado que sufre Saida Prieto, con graves secuelas en el 60% de su cuerpo por las quemaduras.

La jueza y los letrados preguntaron al vendedor de las dos fuentes de fuegos fríos por qué explotó uno y no los dos que estaban colocados, cada uno, en sendos cañones de la fantasía de Willy Jorge, máxime cuando estaban conectados juntos, según dijo a la Policía Willy Jorge. Según el testimonio del vendedor, "los aparatos de fuego frío tienen mecha y también son eléctricos. El que yo le vendí es eléctrico. Solo se acciona con un detonador, con un interruptor de corriente". En sus explicaciones, José Agustín añade que "supongo que se activan los dos chorros al mismo tiempo si se conectan en un interruptor para que se activen al mismo tiempo. Puede ser que si se activó uno solo es que el circuito no estaba cerrado, el cable mal conectado o que el producto vino mal para no activarse". Y precisó que "es imposible que se dispare si lleva corriente".

A preguntas del abogado de Willy Jorge, el vendedor del fuego dijo que el fuego solo se puede utilizar en exterior, "pero alguna vez se han utilizado en interiores en desfiles de traje de novia con una distancia de cuatro o cinco metros. Pero que vamos nosotros y realizamos la instalación con los correspondientes permisos".

El comprador que fue a hacer el mandado a Willy Jorge comentó que el vendedor sacó los fuegos fríos que le vendió "de una caja de zapatos y me los metió en una bolsa, no estaban embalados", detalle que admitió el dependiente porque, como dijo, "vienen sueltos y no están embalados".

Humberto Gonar

El Hierro exporta los carneros

En el núcleo de Tigaday, municipio de La Frontera (El Hierro), se celebra cada año una de las fiestas más antiguas y tradicionales del Carnaval canario, los carneros. Su historia y evolución serán expuestos a partir del 15 de noviembre en la antigua Recova de la capital tinerfeña, en el marco de ExpoCarnaval, que desde el día 14 y hasta el 17 acogerá las fiestas de don Carnal más emblemáticas del Archipiélago.

Probablemente de origen norteafricano, están emparentados con los Baifos de La Aldea de San Nicolás (Gran Canaria), con los diabletes de Teguise (Lanzarote), el Diablo de Tijarafe (La Palma) y las Libreas de El Palmar en Buenavista del Norte (Tenerife).

Jóvenes disfrazados con pieles de carneros -zaleas- ornamentados con cráneos y cuernos de dicho animal y con sus extremidades anteriores y posteriores teñidas en negro, colgando de la cintura bulliciosos cascabeles, salen a la calle en los principales días del Carnaval, domingo y martes, en una manifestación festiva de origen totalmente ritual; el objetivo, fertilizar a las jóvenes y virilizar a los varones. Los carneros se hacen acompañar por otros personajes como los pastores. La tradición consiste, básicamente, en asustar a las mujeres, explica Aday, uno de los "carneros" que desvela a este periódico las claves de este festejo.

La vestimenta utilizada por los carneros recibe el nombre de zalea y es una piel de carnero o de oveja. La consiguen en el Matadero Insular de El Hierro. Bien estirada durante un tiempo (un mes o dos según las condiciones meteorológicas) y con abundante sal marina, para que se seque. Una vez curtida se llevan a los charcos de la costa para remojarlas; de esta forma se "amorozan" y mueren los bichos que puedan tener.

La playa de Arenas Blancas es el sitio donde suelen llevarlas. Una vez seca se procede a la confección de la zalea.

La pieza entera es doblada por la mitad, midiendo el ancho de hombros de quien la va a lucir, mientras que la parte trasera cubre por la cintura a la delantera, y ambas quedan ceñidas al cuerpo con las ligaduras de los cascabeles, otro elemento característico de la indumentaria. Para la cabeza se utiliza el cráneo adherido a un casco y cubierto de piel. Manos y pies van cubiertos de piel, a modo de guantes y polainas. Quedan al descubierto brazos y piernas, que se untan con betún negro.

El peso de una zalea completa puede superar los 40 kilos. De ahí que para poder correr sea necesario gozar de buen estado físico.

Los cuernos suelen ser lucidos bien untados de betún para impregnar las manos y poder así manchar y tiznar a "sus presas".

La última edición reunió a más de 40 carneros corriendo por las calles de Tigaday, casi todos vecinos, aunque algún carnero viene de otros lugares de la Isla.

En algunos momentos los carneros han viajado fuera de El Hierro, como en el año 1992 con ocasión de la celebración de la Expo de Sevilla, y también a otras islas del Archipiélago. Pero difícilmente saldrán en un futuro de Tigaday, por lo que quien quiera ver esta tradición y disfrutar de ella tiene que venir el domingo y martes de carnaval, apunta Aday.

De ahí que se recomiende el ExpoCarnaval que se celebra en la capital tinerfeña para conocer de primera mano este festejo "diferente, propio y alternativo".

Francisco R. Pérez -sobrino del Pollito de La Frontera- recuerda que un año le "quitó una bicicleta a un guiri y recorrió las calles haciendo caballitos, o que en otra ocasión entraron en una guagua, asustaron y mancharon a los viajeros y se bajaron. Pero no es lo habitual, son excepciones".

"Un conocido gobernante de la política canaria (cuyo nombre omiten) y su esposa, bien emperifollados, vinieron en una ocasión. Pensaban que no les íbamos a manchar de betún, y salieron bastante tiznaditos", comentan entre risas Francis, Aday y Néstor.

En un arcón preparado al efecto, en un establo cercano a Tigaday son guardadas todas las zaleas y expuestas para su curtimiento las nuevas piezas. Es en este lugar donde cada año se dan cita para revestirse de carneros y hacer sugerencias a los nuevos participantes de las normas básicas para que la tradición se mantenga.

En estos días tienen varias pieles en curtimiento, traídas desde el Matadero Insular, fruto del sacrificio de un buen número de carneros para la celebración de las fiestas que en honor de San Simón se celebran en el pueblo de Sabinosa.

En cuanto a los gastos que lleva consigo la puesta en escena son más bien pocos, betún y poco más. Lo que necesita nuestra tradición, apunta Aday, "es apoyo institucional para que se organicen visitas a la Isla en las fechas en que los carneros están en la calle", concluye.

Ángel Hernández

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