miércoles, 3 de agosto de 2011

Alegoría Carnaval 2012

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El obispo del Carnaval

El obispo de los pobres. Con este cariñoso apelativo conocía La Laguna, y todo Tenerife, a Domingo Pérez Cáceres. Ayer se cumplieron 50 años de su fallecimiento, medio siglo desde aquella calurosa tarde de agosto en la que las campanas de La Laguna doblaron para dar anuncio de su fallecimiento, víctima de un cáncer a los 69 años.

El sacerdote güimarero sigue siendo, aún hoy, el primer y único tinerfeño en dirigir la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna. Fue un "hombre cercano que dio todo lo que tuvo, siempre, a los más pobres", explicaba ayer el historiador lagunero Julio Torres.

Dos días enteros transcurrieron hasta que fue enterrado frente al altar mayor de la basílica de La Candelaria, el mismo templo del que fue benefactor y que fue erigido durante los 14 años en los que permaneció al frente del palacio episcopal de la calle San Agustín. Al velatorio, que se celebró en la catedral de La Laguna, acudieron miles de fieles para despedirse del "obispo del pueblo".

Mañana hará cincuenta años desde que La Laguna se llenó de con multitudes llegadas desde todos los puntos de la Isla para dar el último adiós al célebre obispo. "Vino toda la Isla, las calles estaban llenas de gente", recuerda Torres. "Los hombres, con sus corbatas y trajes negros, las mujeres con velo o mantilla", añade.

A despedir a don Domingo, como el mismo se hacía llamar para evitar los formalismos eclesiástico, acudieron en peso todas las cofradías y hermandades de La Laguna, el cuerpo consular, los representantes del Ejército y el claustro completo de la Universidad de La Laguna. "Más de 100.000 personas acompañaron el recorrido y decenas de coches fúnebres portaron las coronas, llegadas también desde la península".

A Pérez Cáceres se le recordará siempre, además de por su entrañable cercanía, por haber facilitado la continuidad de los carnavales chicharreros. Las famosas Fiestas de Invierno, como fueron etiquetadas los festejos durante la dictadura del general Franco, contaron con la complicidad del Obispado. Este extremo garantizó su supervivencia, el Obispo fue garante personal de su continuidad e intercedió ante el gobernador
Momento del entierro del obispo Pérez Cáceres, el 3 de agosto de 1961.
civil para que no restringiese los bailes de máscaras .

Para recordar su fallecimiento, el Obispado de Tenerife celebró ayer tres eucaristías en memoria del prelado tinerfeño. A las 9:00 horas tuvo lugar la primera ceremonia en la actual sede del Cabildo Catedral, la iglesia de La Concepción. Después, a las 11:00 horas y por ser el impulsor de la construcción de la actual Basílica, Candelaria acogió otra eucaristía en recuerdo de su alma. Finalmente, la parroquia San Pedro de Güímar se sumó al aniversario con una misa por su descanso.

Integrado en la ciudad

La prueba del grato recuerdo que la ciudad de Los Adelantados guarda de Pérez Cáceres es el hecho de que era un habitual en las tertulias de la plaza de la Junta Suprema y en la de la sombrerería de don Víctor Núñez.

La ciudad dedicó la calle principal de Barrio Nuevo al recuerdo del prelado güimarero, como también colocó un busto suyo en la plaza de la catedral. No obstante, recordatorios similares pueblan el callejero de toda la isla de Tenerife. Hasta diez municipios han honrado la memoria del obispo Pérez Cáceres con una vía con su nombre: La Matanza, Santa Cruz de Tenerife, Arafo, su Güímar natal, el Puerto de la Cruz, La Orotava, San Juan de la Rambla y Fasnia.

“Si hemos llegado al punto de pedir es porque ya no podíamos más”

El pequeño Giovanny, el bebé de nueve meses de la que fuera Reina del Carnaval santacrucero, Ana María Tavarez, quien ya cuenta con la preceptiva autorización judicial para poder donar parte de su hígado a su hijo, procede de una familia humilde y trabajadora que en todo momento les ha ayudado “en lo que han podido”. Sin embargo, a medida que se ha ido alargando la estancia en Madrid del niño y de sus padres ha ido mermando su economía, por lo que han llegado al punto de  tener que apelar a la solidaridad ciudadana.
Adrián Rodríguez, el progenitor de Giovanny, tenía que vender su coche particular tras quedarse sin empleo. Ana recibirá 30 euros diarios de la seguridad social en concepto de residencia y alimentación, que le serán reembolsados cuando el proceso acabe; es decir, cuando se le practique el trasplante de hígado a Giovanny -previsto en principio para la segunda quincena de agosto, tal y como informó ayer DIARIO DE AVISOS- y pase los meses de postoperatorio. Por tales motivos, la familia del bebé no ha dejado de movilizarse en Tenerife en busca de apoyo.
Huchas repartidas por varios lugares, incluidos los taxis de los compañeros de Adrián, la venta de rifas y la organización de actos benéficos, además de la colaboración individual de varios particulares, son sólo algunas de las respuestas solidarias de los tinerfeños.
Sacrificarse
Olga, la abuela materna del bebé que requiere un trasplante. / S. MÉNDEZ
El abuelo paterno de Giovanny, Francisco Rodríguez, recuerda que siempre ha enseñado a su hijo a “sacrificarse al máximo antes de pedir a los demás”. “Durante todo este tiempo -continúa- les hemos estado dando donativos, lo que puede cada uno, pero cada vez podemos menos: la cosa está complicada”, remarca este autónomo que regenta una pequeña tienda de víveres en La Laguna, de la que sale el único sueldo de su casa.
Francisco y su hija Elizabeth, hermana de Adrián, de 26 años y en paro con un bebé de 7 meses, no ha dejado de movilizarse desde que decidieran hacer pública la causa. Cuando vieron que la situación se iba alargando, vaciando las arcas familiares, movilizaron cielo y tierra sin descartar los medios de comunicación o las redes sociales como Facebook, con el fin de llamar a la solidaridad de los tinerfeños para amortizar el gran gasto económico que afronta la joven pareja y su bebé en Madrid.

La familia de Giovanny celebra sorprendida la solidaridad de la gente para con ellos. “Hay muchas anécdotas positivas. Te sorprende cómo ha respondido la gente, incluso la familia de Ainara, con el inmenso problema que tiene, donó una cantidad para Giovanny”, relata su abuelo paterno. “Yo lo aguanto, pero mi mujer lo lleva peor. Es muy sentimental y siempre que puede va a Madrid a ver a su hijo y a su nieto. Estamos a ver si puede viajar de nuevo”, dice Francisco de Calaly, su mujer y abuela paterna del pequeño Giovanny.  Por su parte, Elizabeth lamenta la enfermedad de su sobrino. “Yo tengo un hijo de edad parecida. Es muy duro ver que de los dos primos, uno está sano y el otro tan malito”, añade la hermana de Adrián.
“Cuando nos enteramos de la enfermedad fue un disgusto muy grande. Ese día fuimos al médico por una
 cosa, salimos con otra, y hasta hoy”, relata Olga, la madre de Ana, y, por tanto, abuela materna de Giovanny. Recuerda, agradecida, que fue un médico de guardia del Hospitalito quien percibió la alteración hepática del bebé, que había ido a urgencias por unas flemas que le impedían respirar. “Ese hombre le salvó la vida a mi único nieto”, afirma.
Ana María Tavarez tiene 21 años, y es la mayor de tres hermanos, uno de dos y otro de ocho años. “Es una niña muy madura, ha dormido muchos meses en una silla de hospital pasando frío, para no separase de su hijo”, subraya su madre, una abuela joven -40 años- que no quiere desaprovechar la oportunidad de agradecer a su yerno la gran entrega y esfuerzo en la lucha que están afrontando a pesar de su juventud. “Adrián es un chico muy bueno”, resalta.
Olga agradece, además, la solidaridad y el apoyo que recibe de los vecinos. A pesar de estar desempleada y tener otros dos hijos pequeños, pondrá todo de su parte para ir a Madrid a ver a su hija mayor y a su nieto. “Llevo tres meses sin ver a mi niña, necesito estar con ella aunque sea un día”, concluye.